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miércoles, 15 de febrero de 2012

Fragmento de Dulce Compañía - Laura Restrepo


Ay de mí, Gabriel, el mensajero! ¡El Arcángel rojo como las ascuas, peludo como un borrego! Hasta ayer tocaba la cítara, inocente y enceguecido por el resplandor de Dios. Hoy te he visto, y te he encontrado bella, y te he encontrado buena, y sana, y luminosa. El deseo me abraza con más brazos que la culpa, y es mi última voluntad hacerte mi mujer. Sé bien que no hay lágrimas para pagar tal pecado. Que en castigo perderé mi nombre, para recibir el de Elohim, que quiere decir Caído Porque Pecó Con Mujer Arrastrando a La Humanidad a La Corrupción v al Mundo Entero al Diluvio. Y sin embargo aquí estoy, y no desfallezco. Me acerco a ti, paso a paso, y sigo siendo Gabriel, aunque hoy me llame Elohim. Oye, mujer, mi mensaje, que son palabras de amor. La decisión está tomada. Yo, Gabriel Elohim, hijo de los cielos, me fundiré contigo, hija de los hombres, como un vino con otro vino al ser vertidos dentro del mismo odre. No escapes, mujer, y no te asustes. Ven conmigo a la caverna en cuya entraña fluyen manantiales de agua clara, donde se esparce el olor del nardo, del fruto del aloe, de la pimienta y la canela. Allí nos resguardaremos del ojo inclemente de Dios. Allí te haré mía, a ti, la bien amada, la bendita, la única, y en ti depositaré semilla. Uno dentro del otro tendremos la dicha de vivir y también la dicha para mí desconocida de morir; atravesaremos juntos epifanías y oscuridades, ascenderemos a la cima, bajaremos al abismo, y seré feliz porque por fin podré comprender que todo lo verdadero tiene un comienzo, y que termina y se extingue cuando ya no tiene razón de ser. A la orilla del mundo me sentaré a mirarte, mujer, y sentiré pudor, y me cubriré los ojos con las alas ante la maravilla de tu rostro. Te miraré y estaré lleno de ti, porque quien mira es un ser colmado de aquello que mira. De tu mano iré por los meandros del mundo sensible, que Dios ha prohibido a los ángeles conocer. A través tuyo serán míos los goces de la vista, del oído, del olfato, del tacto, del amor carnal, que son prerrogativa humana. Míos serán por un instante el placer y el dolor, el mármol, el cinamomo y los perfumes, mío será el olvido y el recuerdo, míos el pan, el vino, el aceite, la enfermedad y la salud. Por ti sabré las claves de las ciencias y las artes, conoceré la agricultura, la metalurgia, la poesía, el alfabeto, los números, la tintura de telas, el arte de pintarse los ojos con antimonio. Gozar de todo ello es privilegio que se paga con la muerte, y estoy dispuesto a pagar. A cambio, abriré las puertas de tu templo interior y dejaré que tus ojos vean el misterio. El misterio inefable, que Dios ha querido hacer accesible sólo a sacerdotes y hierofantes. Yo lo pondré en tus manos, mujer. Ha llegado la era en que también tú conozcas los arcanos. Volarás sobre mi lomo y te será dado ver los cimientos del universo, la piedra angular de la tierra, las cuatro columnas del cielo, los secretos del tiempo que se vuelve espacio y puede recorrerse hacia adelante y hacia atrás. Los escondites del viento, las llanuras donde pastan las nubes, los depósitos de granizo, las inmensas albercas donde espera la lluvia...Después de la unión vendrá el tiempo de la reproducción. ¿Sabes tú, mujer, cómo se reproducen los ángeles? Los santos doctores no se ponen de acuerdo. Algunos opinan que es como el mercurio, al desintegrarse. O como un espejo, que al quebrarse forma fragmentos que se reflejan unos en otros.

Santo Tomás, doctor angélico, dice que nos reproducimos como las moscas. Nada de ello tiene importancia, porque a la hora de la hora todo será como debe ser. Cuando llegue el día veremos dibujados en el cielo los signos, interpretaremos las señales, que serán claras, y sabremos que por obra nuestra se está cumpliendo la profecía, porque está escrito que cuando descienden los ángeles del cielo se hace una su raza con las hijas de los hombres. Pero antes de que ello se consuma, vendrá para nosotros el tiempo del adiós. La ejecución de las antiguas advertencias. Oirás estas palabras: "Ave Mujer, llenos estamos de gracia, he estado contigo y haz estado en mí." Reconocerás en ellas mi voz, y en mi voz la despedida, y llorarás, porque seré ido. Y ahora, ¿escuchas el rumor? ¿Sientes el roce? Shhh... Quédate quieta, mujer, guarda silencio, no des voces que alerten a la gente de tu casa. No temas, no quiero causarte espanto ni estupor, soy sólo un ángel caído. Déjame abierta la puerta, que soy yo, Elohim, y ardo en amores

martes, 7 de febrero de 2012

Carta De Beethoven A Su "Amada Inmortal"

Mi ángel, mi todo, mi yo… ¿Por qué esa profunda pesadumbre cuando es la necesidad quien habla? ¿Puede consistir nuestro amor en otra cosa que en sacrificios, en exigencia de todo y nada? ¿Puedes cambiar el hecho de que tú no seas eternamente mía y yo eternamente tuyo? ¡Ay Dios! Contempla la hermosa naturaleza y tranquiliza tu ánimo en presencia de lo inevitable. El amor exige todo y con pleno derecho: a mí para contigo y a ti para conmigo. Sólo que olvidas tan fácilmente que yo tengo que vivir para mí y para ti. Si estuviéramos unidos ni tú ni yo hubiéramos sentido lo doloroso. Mi viaje fue horrible…

Alégrate, sé mi más fiel y único tesoro, mi todo, como yo para ti. Lo demás que tenga que ocurrir y deba ocurrir con nosotros, los dioses habrán de enviarlo…

Tarde del lunes… Tú sufres. ¡Ay! donde yo estoy, también allí estás tú conmigo. Conmigo y contigo haré yo que pueda vivir a tu lado. Qué vida ¡ ¡ ¡así!!! Sin ti… perseguido por la bondad de algunas personas que no quiero recibir porque no la merezco. Me duele la humildad del hombre hacia el hombre. Y cuando me considero en conexión con el universo, ¿qué soy yo y qué es aquel a quien llaman más grande? Y sin embargo… ahí aparece de nuevo lo divino del hombre. Lloro al pensar que probablemente no recibirás mi primera noticia antes del sábado. Tanto como tú me amas, ¡mucho más te amo yo a ti…! ¡Buenas noches! En mi calidad de bañista, debo irme a dormir. ¡Ay, Dios! ¡Tan cerca! ¡Tan lejos! ¿No es nuestro amor una verdadera morada del cielo? ¡Y tan firme como las murallas del cielo!

La huída - Cot, Storm
 Buenos días, siete de julio. Todavía en la cama se agolpan mis pensamientos acerca de ti, mi amada inmortal; tan pronto jubilosos como tristes, esperando a ver si el destino quiere oímos. Vivir sólo me es posible, o enteramente contigo, o por completo sin ti. Sí, he resuelto vagar a lo lejos hasta que pueda volar a tus brazos y sentirme en un hogar que sea nuestro, pudiendo enviar mi alma al’ reino de los espíritus envuelta en ti. Sí, es necesario. Tú estarás de acuerdo conmigo, tanto más conociendo mi fidelidad hacia ti, y que nunca ninguna otra poseerá mi corazón; nunca, nunca…

¡Oh, Dios mío! ¿Por qué habrá que estar separados, cuando se ama así? Mi vida, lo mismo aquí que en Viena, está llena de cuitas. Tu amor me ha hecho al mismo tiempo el ser más feliz y el más desgraciado. A mis años necesitaría ya alguna uniformidad, alguna normalidad en mi vida. ¿Puede haberla con nuestras relaciones…? Ángel, acabo de saber que el correo sale todos los días. Y eso me hace pensar que recibirás la carta enseguida.

Estáte tranquila. Tan sólo contemplando con tranquilidad nuestra vida alcanzaremos nuestra meta de vivir juntos. Estáte tranquila, quiéreme. Hoy y ayer ¡cuánto anhelo y cuantas lágrimas pensando en ti… en ti, mi vida… mi todo! Adios… ¡quiéreme siempre!. No desconfíes jamás del fiel corazón de tu enamorado Ludwig.

Eternamente tuyo,eternamente mía,eternamente nuestros.


La "Amada inmortal" fue una mujer anónima (probablemente Antonie Brentano, la esposa de un amigo), tal como Beethoven se dirigía a ella en una serie de cartas en el mes de Julio de 1812. En realidad, la expresión usada por Beethoven en alemán es la “Eternamente Amada”.

sábado, 4 de febrero de 2012

Federico García Lorca - Vals en las ramas

Cayó una hoja
y dos
y tres.
Por la luna nadaba un pez.
El agua duerme una hora
y el mar blanco duerme cien.
La dama
estaba muerta en la rama.
La monja
cantaba dentro de la toronja.
La niña
iba por el pino a la piña.
Y el pino
buscaba la plumilla del trino.
Pero el ruiseñor
lloraba sus heridas alrededor.
Y yo también
porque cayó una hoja
y dos
y tres.

Y una cabeza de cristal
y un violín de papel
y la nieve podría con el mundo
si la nieve durmiera un mes,
y las ramas luchaban con el mundo
una a una,
dos a dos,
y tres a tres.
¡Oh duro marfil de carnes invisibles!
¡Oh golfo sin hormigas del amanecer!
Con el muuu de las ramas,
con el ay de las damas,
con el croo de las ranas,
y el gloo amarillo de la miel.
Llegará un torso de sombra
coronado de laurel.
Será el cielo para el viento
duro como una pared
y las ramas desgajadas
se irán bailando con él.
Una a una
alrededor de la luna,
dos a dos
alrededor del sol,
y tres a tres
para que los marfiles se duerman bien.


jueves, 2 de febrero de 2012

Hicimos la Sublimidad - Sara Graciano

Alex Alemany - Arboreas
Para mí, todo era un acierto más de nuestro glorioso  instante. Las hojas se interponían entre su rostro y el mío. Yo veía sólo sus ojos, y el sol que se adentraba tímido entre sus cabellos. Y entonces hubo un lapso del cual no recuerdo absolutamente nada, sólo el placer y amor infinitos que sentí. Su mirada se paseaba entre las hojas, y yo sólo me encargaba de guardar en mi memoria cada detalle de ese encuentro: sus manos, la humedad de mi lecho improvisado, la vista natural que teníamos, y sobre todo, el sobresalto que tuvo mi corazón con esa mezcla de memorias etéreas. No solo hicimos el amor. Hicimos también la pasión, el deseo, el placer, la gloria, la belleza….en pocas palabras hicimos la sublimidad…

miércoles, 1 de febrero de 2012

El canto de la noche, Así hablaba Zaratustra-Federico Nietzsche


“Es de noche: a esta hora hablan más fuerte todos los manantiales. Y también mi alma es un manantial. Es de noche: sólo ahora se despiertan todas las canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de un amante. Hay en mí algo insatisfecho, algo insaciable, que quiere hablar. Hay en mí un ansia de amor, que habla asimismo el lenguaje del amor.
Luz soy: ¡Ay, si fuera noche! Mas ésa es mi soledad, estar circundado de luz. ¡Ay, si yo fuese noche y oscuridad! ¡Cómo iba a sorber de los pechos de la luz! ¡Aun a vosotras os bendeciría, pequeñas estrellas centelleantes, luciérnagas del cielo! Vuestros regalos de luz me darían la dicha. Pero yo vivo en mi propia luz, yo reabsorbo en mí las llamas que de mí brotan. Desconozco la felicidad del que recibe; con frecuencia he soñado que el robar debe ser más deleitoso que el aceptar.
En eso está mi pobreza: mi mano nunca descansa de dar. Ésta es mi envidia: ver ojos que aguardan con avidez y noches en vela de anhelo. ¡Malaventurados los que dais! ¡Oh, eclipses de mi sol! ¡Oh, anhelo de anhelar! ¡Oh, hambre devoradora dentro de la hartura! Ellos toman de mí: ¿pero toco yo siquiera su alma? Entre el dar y el aceptar media un abismo: el abismo más pequeño es el más difícil de salvar.

De mi belleza brota un hambre: yo quisiera dañar a aquellos a quienes ilumino, y robar a aquellos a quienes colmo de regalos. ¡Tanta es mi hambre de maldad! Retirar la mano cuando ya otra mano se extiende hacia ella; vacilar como la cascada antes de despeñarse – ¡Tanta es mi hambre de maldad! Tal venganza se imagina mi plenitud; tal maldad incuba mi soledad.
¡Mi gozo de dar murió a fuerza de dar, mi virtud se cansó de sí misma por su misma exuberancia! Quien siempre regala, expuesto está a perder el pudor; a quien siempre distribuye, la mano y el corazón se le encallecen de tanto repartir. Mis ojos no se inundan ya de lágrimas ante la vergüenza de los que piden; mi mano se ha endurecido, ya no siente el temblor de las manos ya llenas. ¿Adónde fueron las lágrimas de mis ojos y la gala de mi corazón? ¡Oh, soledad de los generosos! ¡Oh, silencio de los que brillan!
Muchos soles giran en los espacios vacíos. A todo lo que es oscuro le hablan con su luz,-para mí callan. ¡Ay, así es la enemistad de la luz contra lo que brilla: despiadada sigue su camino! Injusto en lo más hondo de su corazón contra cuanto brilla: frío para con los soles: así caminan todos los soles. Semejantes a huracanes, vuelan los soles por sus órbitas.
Siguen en su voluntad inexorable: ésa es su frialdad. ¡Ay, sólo vosotros, los oscuros y nocturnos, extraéis calor de lo que brilla, solamente vosotros bebéis la leche y consuelo de las ubres de la luz! ¡Ay, hielo que me rodea, hielo abraza mi mano! ¡Ay, en mí hay sed, que desfallece por vuestra sed! Es de noche: ¡ay, que yo tenga que ser luz! ¡Y sed de lo nocturno! ¡Y soledad!
Es de noche: a esta hora brota de mí mi deseo, cual una fuente. – Hablar es lo que deseo. Es de noche: a esta hora hablan más fuerte todos los manantiales. Y también mi alma es una fuente saltarina. Es de noche: a esta hora despiertan las canciones de los amantes, y también mi alma es la canción de un amante.”

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