Buscar este blog

sábado, 27 de octubre de 2012

La verdadera historia de Narciso

Michelangelo Merisi da Caravaggio - Narciso
"El alquimista cogió un libro que alguien de la caravana había traído. El volumen no tenía tapas, pero consiguió identificar a su autor: Oscar Wilde. Mientras hojeaba sus páginas encontró una historia sobre Narciso.
El alquimista conocía la leyenda de Narciso, un hermoso joven que todos los días iba a contemplar su propia belleza en un lago.
Estaba tan fascinado consigo mismo que un día se cayó dentro del lago y se murió ahogado. En el lugar donde cayó nació una flor, a la que llamaron narciso.
Pero no era así como Oscar Wilde acababa la historia.
Él decía que, cuando Narciso murió, llegaron las Oréades -diosas del bosque- y vieron el lago transformado, de un lago de agua dulce que era, en un cántaro de lágrimas saladas.
-¿Por qué lloras? -le preguntaron las Oréades.
-Lloro por Narciso -repuso el lago.
-¡Ah, no nos asombra que llores por Narciso! -prosiguieron ellas-.
Al fin y al cabo, a pesar de que nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.
-¿Pero Narciso era bello? -preguntó el lago.
-¿Quién si no tú podría saberlo? -respondieron, sorprendidas, las Oréades-. En definitiva, era en tus márgenes donde él se inclinaba para contemplarse todos los días.
El lago permaneció en silencio unos instantes. Finalmente dijo:
-Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que Narciso fuera bello.

Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, reflejada mi propia belleza.-¡Qué bella historia! -dijo el Alquimista."

Prologo de El Alquimista, Paulo Cohelo

Jaime Sabines - Los amorosos

Josefina a la ventana - Toni Conejo
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.

viernes, 19 de octubre de 2012

Respiro-Suspiro - Sara Graciano


Montañas - Débora Arango
Aprendí otra forma de amar, como correr descalzo, como vivir en un árbol, sin contar las horas, solo eso, amar…en calma, en éxtasis, en virtud de los astros luminosos, en la noche que se funde con el horizonte…

Un modo semejante al abrigo después de la lluvia, o a un lecho en medio del frio. Un regazo me acoge esperanzado, y yo preparo en su vientre mi nido. El brillo de ciudad me ilumina los ojos, su brillo espiritual teje en su rostro un par de hoyuelos, el amor me sonríe, él me sonríe, y mi guerra con su alma, se pacifica toda en suspiros.

Esta forma que he aprendido, no envidia a la nube almidonada con sueños, vuelo libre en su escuálido cuerpo, me reflejo en su cálido espejo, soy esta mujer por sus besos.

Bien, encontré otro modo de amar, uno semejante a una caída libre desde el cielo, me hizo extender mis alas, y ahora soy como un país después de una revolución del pueblo, libre, tranquila y diferente…

jueves, 18 de octubre de 2012

Pablo Neruda - Soneto XVII (Cien sonetos de amor)

Escena interior, Alex Alemany
No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,

sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.

martes, 9 de octubre de 2012

¿Vos te imaginas? - Sara Graciano


Que yo decidiera amarte,
Así infinitamente,
Y entonces te entregara
Toda esa locura que viene cuando uno ama…
Y te contara esas historias
Que nunca he contado a nadie
Y te dijera esas cosas
Que se me ocurren por instantes
Y te hablara de esos sueños
De los que no hablo por ser utopías

Que yo decidiera amarte
Y entonces enfrentarlo todo
Que no me importe nada
Vivir así libre
Y pensando en vos
Y andar siempre alegre
Poder hacer de la felicidad
Mi estado natural

¡Que yo decidiera amarte hombre!
Sería como la lluvia huyendo
Río arriba
Yo andaría en un despiste,
Como en el que ando ahora…
Sería una quimera,
Bah, ¡que tonta!

Que yo decidiera amarte
Y te dijera como ahora
Que yo quiero que me ames,
Que yo quiero que te quedes
Que no te vayas nunca,
Que yo quiero hacer parte de tu historia

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...