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martes, 20 de noviembre de 2012

Noche previa al día 20 - Sara Graciano

Para una noche como esta,
Un vino vendría bien
O una canción de esas tristes
Como una de Milanés.

Para una noche como esta,
Sería bueno un buen frio,
Que me endureciera el alma,
Y me congelara los pies.

Una noche como esta,
Merece bien un cigarro
O un vicio de esos tontos,
O un amargo café.

Para una noche sublime
Sería buena la luna
Que se atraviese en mi cuarto
Y me vuelva el mundo al revés

Y un buen libro de esos viejos
Que huelen a muchos años
Y una guitarra melancólica
Que me haga olvidar el deber

Esta noche amerita
Ver las fotos del ayer
Darse cuenta de esa gente
Que se fue sin volver


Contar historias y anécdotas
E invadirse de recuerdos
Y embriagarse con nostalgia,
Y sumergirse en los sueños.

Para una noche como esta
Estaría bien un cliché
O una caricia que sonroje
Y un beso con timidez.

La soledad no merece
Un gesto tan descortés,
A mí me gusta esta noche,
Sin mimos, sin compañía
Y llena de lividez.

viernes, 16 de noviembre de 2012

La lluvia nada en el lago - Sara Graciano

Te me acercas y llueve
Llueve en las cumbres de mi cuerpo
Y en la curvilínea luna que rodea mis caderas
Llueve en mi cuello, torre que exalta
La mirada que también llueve

Y llueve porque te veo como un lago
Que anda secándose y muere
Por lo pesada que se hace la vida
Si la descubres

Llueve en mis tibias manos,
Cuando te miro y no puedo hablarte
Porque te encuentras tan escondido,
Que ni la fuerza puede encontrarte

Llueve porque tu ausencia
Grita cuando me hablas
Y cuando tú gesto triste,
Me suplica que te ayude

Y llueve cuando recojo
Despojos de tu inocente locura
Llueve más cuando te vas, no te despides
Y pierdo la cordura

Tú te me acercas y llueve
Llueve en mis orejas
Cuando las tocas disimulando
Y llueve porque te quedas
Viendo el horizonte y no entiendo
No entiendo porque no entiendes
Que una mujer anda lloviendo
Porque te quiere, y quiere un beso,
De tu incomprensible amargura.

Yo lluevo por tu ternura,
Y tu laguna secándose
Yo lluevo porque me pones
Rosadas las manos,
Y sacas de mi todo aquello
Que alguna vez he desechado.

Y lluevo aun más
Porque quiero humedecer tu orilla
Y lluevo por temor a que te des cuenta,
De que llueve en mis ojos todas las noches,
Porque no quiero que sepas
Que quiero nadar en tu lago.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Los Descansos - Mario Benedetti

I
Ni ahora ni después
ni al mediodía
ni en la tarde brevísima
ni en la noche pesada
ni mañana
ni dentro de diez díaz
tendré
lo que se dice
tiempo
de ahí que el descanso sea
una gloriosa
inmerecida siesta
que siempre duermen
otros.
Hippolyte-Flandrin-hombre junto al mar

II
Uno quisiera a veces conseguir un insomnio
para tasar con calma
con coldura
los fracasados los viles resonancias
y aprender del silencio
ese maestro
un insomnio sin miedo
sin ruidos evidentes
agresivos

a lo sumo escuchar la tarea ominosa
de los tercos roedores de la noche
sentir cómo sus dientes
diminutos
constantes
destruyen el futuro

un insomnio sereno
para que el viejo espíritu
o la nueva cabeza
canjeen de una vez sus exiguas angustias
por una angustia grande
crecida
verdadera

pero ya no se puede
no existe ese derecho

a la noche uno cae como a una roca ajena
como un susto
de plomo
y el sueño es nada más que una vacía
sinopsis de la muerte.

Mirarme hoy es ponerse más triste que una calle...- Ángel García López

Mirarme hoy es ponerse más triste que una calle
a la que el viento hubiese dejado sin visillos.
Es ser como una alcoba sin camas habitables,
como un tejado roto que asustara los nidos.

Me miras y te afliges y quieres acercarle
la memoria a mis ojos de nuestro tiempo vivo.
Hoy tengo la esperanza color de algunos árboles,
de aquellos que en otoño se mueren de amarillo.

No sé dónde ponerme los huesos en la carne,
cómo esconderle al pecho su largo pasadizo.
Mirarme hoy es ponerse más triste que una clase
sin tiza y sin pupitres, donde no hubiese niños.

Confieso que te quiero más que nunca esta tarde,
hoy que tiemblas de miedo junto a mi maleficio.
Tus ojos se me entregan como el rostro de un parque
donde, nuevos, los sauces emigraran de sitio.


Me miras y sostienes un pájaro en el aire,
el cielo respirable que me ha sido prohibido.
Tus manos me consuelan con su fruta abundante,
van sanándome dentro más despacio que un siglo.

Miras como ofreciendo tus ojos inyectables,
tus ojos enfermeros frescos como un racimo.
Mirarme hoy es ponerse más triste que un paisaje
donde nunca las ramas despertaran de mirlos.

Y yo, porque te amo, me oculto en este traje
de sábanas que lavan su muerte los domingos.
Me asomo a tus dos ojos como a dos ventanales.
Confieso que te quiero como nadie te quiso.

Porque tú, que me miras, ya no encuentras a nadie.
Nadie que me conozca puede decir que existo.
Acuden a mis ojos tus ojos a llorarme.
Llegas a despedirte. Te has mentido, amor mío.

Disyuntiva - Sara Graciano

Quiero un beso del inocente
Pero también quiero uno del aventurero
Me imagino el del inocente
Tierno y llevadero
Y el del aventurero, me lo imagino
Pasional y pasajero

Quiero un momento dulce,
Mirarle a los ojos y que me despeine el viento
Pero quiero también uno alucinante
Que yo lo bese y se detenga el tiempo

Quiero un beso del rosa
y un beso del amarillo
uno que me sonroje
y otro que me de energía

Quiero un beso, tan solo un beso
De ese que me habla con risas
Pero también quiero uno
Del que mira sin prisa

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Inercia - Sara Graciano



Quiero hablar contigo y no puedo.
No puedo hablar contigo porque estás lejano.
Y no es que estés lejos, no,
Simplemente estás lejano.

Tu alma está a millones y millones de kilómetros.
Y por más que grite no me escuchas,
¿Entiendes?
Oyes mis palabras pero no entiendes
El lenguaje del alma,
Porque cariño mío estas extremadamente lejano.
¿Comprendes bien?
No estás lejos sino lejano

domingo, 4 de noviembre de 2012

Te pinto un sol - Reina María Rodriguez

Francine Van Hove 
estos poemas se escribieron para otra soledad
pero vuelven a ser los mismos
aunque no sea yo quien los invente
ni tú el que los traiga con naranjas y besos.

jamás podré ser otra
convertirme en el tono de una voz
en unas manos que no me pertenecen.
soy yo
y tendrás que perdonarme mis impulsos
la manera de arriesgar el amor.
estoy hecha de todos los desastres
el mundo me consterna y solicita.
hoy ha salido el sol
y ya no tengo miedo a que te pierdas
a que no pueda descubrirte
a que jamás hayas existido más que a mis ojos.
quisiera abrazarte decir por qué
un hombre es más que un cuerpo
que únicamente en tí me desparramo
que únicamente pido cortezas de árboles
-pequeñas primaveras en mis libros-
que odio los encajes y las exaltaciones
que te contemplo y gozo
si andamos por las calles cuando el viento
vuelve a enredar mi falda y sus amores.
estoy desnuda y triste
alegre de saber mis impaciencias
de cometer errores
de lanzar estas piedras
que jamás llegarán a parte alguna.

tengo a mi lado los juguetes para amar la vida
duendes y muñecas que se fueron
regresan a la casa
porque contigo vuelven mis primeros adornos
y quiero ser única en estos ruidos
en las soberbias del mundo
no pasar sin una sola catástrofe.

la vida es si te miro
eres un hombre soy una mujer
éste es el mar aquél el horizonte
te pinto un sol
y juego al arco iris.
todo es sencillo y firme sobre el mundo.

sábado, 3 de noviembre de 2012

El modo inentendible - Sara Graciano

Retozamos en el lecho, y la piel del otro nos abrigaba, había una luz tenue cual película romántica, pero aquello que se batía en esa sabana no era un romance, era amor, del más puro y claro que se haya visto. Sus brazos rodearon mi cuerpo moribundo, y sus dedos pasearon tímidos cada centímetro de piel, y sus ojos, poco interesados en observar un cuerpo ya observado, miraban fijamente los míos con esa angustia que trae los finales. Mi cabello que se encontraba empapado en sudor, continúo empapándose con lágrimas, lloré con una alegría y una tristeza que jamás había combinado. Confesé cada cosa que sentía, estaba ebria, me había embriagado con sus besos, con su amor, con su locura, con su marcada indiferencia a lo que estaba pasando afuera.


Todo fue locura, ni siquiera éxtasis, solo locura…sus ojos mirándome con esa fuerza de huracán que nunca había visto en sus ojos, y su abrazo final lleno de llanto, y un “te amo” que salió de lo más profundo de su alma…su alegría y su tristeza cayendo por mis hombros, y la desnudez de nuestros cuerpos sin vergüenza. Me sentía más abrigada que nunca, aun cuando ni un pedacito de tela me cubría la piel. Y luego salió de mis labios ese: “yo también te amo pero de un modo inentendible”. Jamás había sentido algo igual, y creo que jamás volveré a sentir algo semejante…

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