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lunes, 29 de diciembre de 2014

Oscuridad - Sara Graciano


En mi penumbra, la ausencia me ha usurpado,
El recuerdo es una fría cuchilla cortándome pedazos de la piel,
Soy un montón de pasado, intentando estar presente en el presente
Y guardando con esmero, todo lo que ha amado.

En mi penumbra, despedirme me hace daño,
Me hace daño mirarme, pensarme, encontrarme…
Me hago daño si evoco lo que fui, lo que no soy…
Si me pregunto y persigo lo que pude haber sido.

Mi oscuridad es soledad:
un cuarto impenetrable,
Una exposición de penas, nostalgia, melancolía,
Palabras no dichas, abrazos no dados,
Canciones que se fundieron en mí y no he sacado.

Sublimidad incontrolable,
Muerte latente y palpitando,
Espacios amplios de llanto y sonrisas,
Inconformidad permanente con el mundo.

Mi oscuridad es liberación de lo nocivo,
El despliegue de mis tóxicos por el cuerpo,
Una implosión que subyace en mis ojos,
Una verdad que maniobro en mentira.

En mi penumbra, no quiero presencia,
Requiero ausencia constante de otras voces,
Requiero noche sin estrellas y sin luna.
Tiniebla fuerte, que pelee con mis ocres.

En mi penumbra no existe luz que me socorra.
Es fortaleza inaccesible a cualquier destello,
Me encuentro sola, revelándome mis recuerdos,
Mis negativos se me reparten por todo el cuarto,
Y me laceran mis pensamientos igual que ellos.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Envío - Che Guevara

"Amor: ha llegado el momento de enviarte un adiós que sabe a campo santo (a hojarasca, a algo lejano y en desuso, cuando menos). Quisiera hacerlo con esas cifras que no llegan al margen y suelen llamarse poesía, pero fracasé; tengo tantas cosas íntimas para tu oído que ya la palabra se hace carcelero, cuanto más esos algoritmos esquivos que se solazan en quebrar mi onda. No sirvo para el noble oficio de poeta. No es que no tenga cosas dulces. Si supieras las que hay arremolinadas en mi interior. ¡Pero es tan largo, ensortijado y estrecho el caracol que las contiene, que salen cansadas del viaje, malhumoradas, esquivas, y las más dulces son tan frágiles!

Quedan trizadas en el trayecto, vibraciones dispersas, nada más. […] Carezco de conductor, tendría que desintegrarme para decírtelo de una vez. Utilicemos las
palabras con un sentido cotidiano y fotografiemos el instante.

[…] Así te quiero, con recuerdo de café amargo en cada mañana sin nombre y con el sabor a carne limpia del hoyuelo de tu rodilla, un tabaco de ceniza equilibrista, y un refunfuño incoherente defendiendo la impoluta almohada […]

Así te quiero; mirando los niños como una escalera sin historia (allí te sufro porque no me pertenecen sus avatares), con una punzada de honda en los costados, un quehacer apostrofando al ocio desde el caracol […]

Ahora será un adiós verdadero; el fango me ha envejecido cinco años; sólo resta el último salto, el definitivo.

Se acabaron los cantos de sirena y los combates interiores; se levanta la cinta para mi última carrera. La velocidad será tanta que huirá todo grito. Se acabó el pasado; soy un futuro en camino.

No me llames, no te oiría; sólo puedo rumiarte en los días de sol, bajo la renovada caricia de las balas […]

Lanzaré una mirada en espiral, como la postrera vuelta del perro al descansar, y los tocaré con la vista, uno a uno y todos juntos.

Si sientes algún día la violencia impositiva de una mirada, no te vuelvas, no rompas el conjuro, continúa colando mi café y dejáme vivirte para siempre en el perenne instante."


Tomado de: March, A. (2008). Evocación. Colombia. Editorial Planeta.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Solitario invencible - Vicente Huidobro


Resbalando
Como canasta de amarguras
Con mucho silencio y mucha luz
Dormido de hielos
Te vas y vuelves a ti mismo
Te ríes de tu propio sueño
Pero suspiras poemas temblorosos
Y te convences de alguna esperanza.

La ausencia el hambre de callar
De no emitir más tantas hipótesis
De cerrar las heridas habladoras
Te da una ansia especial
Como de nieve y fuego
Quieres volver los ojos a la vida
Tragarte el universo entero
Esos campos de estrellas
Se te van de la mano después de la catástrofe
Cuando el perfume de los claveles
Gira en torno de su eje.

Doña Luz (XXI) - Jaime Sabines

La casa me protege del frío nocturno, del sol del mediodía, de los árboles derribados, del viento de los huracanes, de las asechanzas del rayo, de los ríos desbordados, de los hombres y de las fieras.

Pero la casa no me protege de la muerte. ¿Por qué rendija se cuela el aire de la muerte? ¿Qué hongo de las paredes, qué sustancia ascendente del corazón de la tierra es la muerte?

¿Quién me untó la muerte en la planta de los pies el día de mi nacimiento?

jueves, 18 de diciembre de 2014

Siembra - Miguel Otero Silva

Cuando de mí no quede sino un árbol,
cuando mis huesos se hayan esparcido
bajo la tierra madre;
cuando de ti no quede sino una rosa blanca
que se nutrió de aquello que tú fuiste
y haya zarpado ya con mil brisas distintas
el aliento del beso que hoy bebemos;
cuando ya nuestros nombres
sean sonidos sin eco
dormidos en la sombra de un olvido insondable;
tú seguirás viviendo en la belleza de la rosa,
como yo en el follaje del árbol
y nuestro amor en el murmullo de la risa.
¡Escúchame!
Yo aspiro a que vivamos
en las vibrantes voces de la mañana.
Yo quiero perdurar junto contigo
en la savia profunda de la humanidad:
en la risa del niño,
en la paz de los hombres,
en el amor sin lágrimas.
Por eso,
como habremos de darnos a la rosa y al árbol,
a la tierra y al viento,
te pido que nos demos al futuro del mundo...

Arte poética - Jorge Luis Borges

Sara Graciano, 2012
Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

Me tienes en tus manos - Jaime Sabines


Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mi mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.
A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
¡Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo!
¡Qué distante te haces y qué ausente
cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte, amor mío.

Aquellas noches de susurros e imágenes - E. Andrés Pérez

Memory - Picasso

Explotan una por una,
en la confusa secuencia de imágenes borrosas,
un recuerdo que se debilita con los días,
sonidos que se desgajan, voces que se olvidan

Maldición de memoria agujerada,
la memoria sedienta, hambrienta
por refrescar imágenes, risas, acentos

En la oscura madrugada
cuando el mundo duerme silencioso,
el coro de respiraciones pausadas
ameniza la avalancha de recuerdos

Pero son confusos, mágicos
simbólicos y vitales, una melodía sin preocupaciones
Anárquica, tan triste como alegre

La noche, reconocida cómplice para tantos
hoy me acompaña con sus murmullos de autos trasnochados
de borrachos de esquina y canción desafinada
con sus aullidos lejanos, música melancólica

Y bajo el manto tenue de una noche que no duerme
de una ciudad que no apaga sus luces
yo miro el calendario y cada día es un puñetazo

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Posdata - Sara Graciano

Ryan McGinley
Sin embargo, te confieso,
Que mi pasión por ti no se muere,
Y que te recuerdo constantemente:
Tu cuerpo en un abrazo perfecto,
La luna posada en tu mejilla izquierda,
La llama de tus ojos al verme.

No te dije que fue un sueño verte en las noches,
Verte esa noche despierto,
Y amanecer con los pies descalzos,
A la orilla de tus brazos,
Y de tu aliento en mi pelo.

No te conté tantos sueños e ilusiones reprimidas,
Agotadas por el duelo, de esta dolorosa despedida;
Sumergidas en miradas, en suspiros y canciones,
En las cosas que te decía con mis ojos mientras dormías.

No te dije que viví la felicidad suprema a tu lado,
Que me daba ansiedad verte,
Que la noción del tiempo olvidaba,
Que flotaba si me decías que me amabas.

Y no escribí tampoco que te amé profundamente
Que rescataste mi ternura
Que te pienso y te extraño,
Que iría a donde fuera solo por darte un beso.
Que quedarás en mí indeleble,
Que no harás parte de mi pasado.

Y sin embargo, hoy me despido,
Aun sabiendo que te amo,
Que no te borraré de mi cuerpo,
Que quedarás en mí tatuado.

Culpas obsoletas - Gioconda Belli


Un momento de soledad
de paz
y la tarde es mía.
Me puedo sentar a leer
sin sentirme culpable.
Sin pensar que debía salir
a comprar el líquido para desmanchar las alfombras
o bajar a jugar con la niña.

¿Cómo será, me pregunto,
no sentir incesantemente
que uno debería ocupar varios espacios al mismo
tiempo?
No pensar, mientras se tumba uno con un libro,
que se debería estar haciendo otra cosa.
Asumir, como hacen los hombres,
la importancia del tiempo
que dedicamos al propio enriquecimiento.

Las mujeres
tenazmente sentimos
que le estamos robando el tiempo a alguien.
Que quizás en ese preciso instante
se nos requiere
y no se cuenta con nosotras.
Precisamos
todo un entrenamiento
para no borrarnos, minimizarnos,
constantemente.

¡Ah! ¡Mujeres, compañeras mías!
¿Cuándo nos convenceremos
de que fue sabio el gesto
de extenderle a Adán
la manzana?

viernes, 21 de noviembre de 2014

Cortejo fúnebre - Sara Graciano

Natalie Shau, Carmine
Se disuelve entre las penas la humanidad.
Y no vuelve a sentir la humanidad,
Y no puede gritar, y no puede callar,
Y no puede llorar la humanidad.

Cual veneno en la garganta que pasó, 
Ha vencido el revés a la humanidad,
Y se ha inventado la desfachatez,
Se ha hecho un nudo inmenso de mediocridad.

Y corre como sangre la humanidad,
Por todos los rincones donde ve
A ocultarse del horror, y la humanidad,
No huye de existir, ¿Qué más dolor?

Intenta conseguir la dirección,
Y corre sin sentido hasta el cantón,
Se agolpan las ideas y pasión,
Abre la cerradura, la humanidad…

Canta canciones tristes sin razón,
Vuela estando quieta, la humanidad,
Teme a la oscuridad que gran error,
Inunda las ciudades de fulgor.

Se va cayendo débil la humanidad,
Y rueda por montañas y en raudal,
Se eleva con el viento sin luchar
Se viene peña abajo la humanidad.

Se olvida de la muerte, la humanidad,
Se siente tan tranquila en soledad,
Busca motivo alguno de vivir,
Se ahoga en el caudal de su aflicción.

Viene sufriendo apenas la labor,
Pensar, reír, sentir que le tocó,
Y a diario quiere echarse y desistir,
Soltar la cuerda que le ata a vivir.

Y siente apenas hoy esa opresión,
De amanecer y ver la humanidad,
Hirviendo en tanta ausencia de ilusión,
Sonando tanta hartura en el reloj,
Quemando las entrañas el sopor,
Esperando la piedad y la destrucción.

martes, 18 de noviembre de 2014

A un gato - Jorge Luis Borges


No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Digo que yo no soy un hombre puro - Nicolás Gullén

Yo no voy a decirte que soy un hombre puro.
Entre otras cosas
falta saber si es que lo puro existe.
O si es, pongamos, necesario.
O posible.
O si sabe bien.
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
¡Puah!, qué porquería.

Yo no te digo pues que soy un hombre puro,
yo no te digo eso, sino todo lo contrario.
Que amo (a las mujeres, naturalmente,
pues mi amor puede decir su nombre),
y me gusta comer carne de puerco con papas,
y garbanzos y chorizos, y
huevos, pollos, carneros, pavos,
pescados y mariscos,
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino,
y fornico (incluso con el estómago lleno).
Soy impuro ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
Sin embargo,
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.
Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario.
La pureza de los novios que se masturban
en vez de acostarse juntos en una posada.
La pureza de los colegios de internado, donde
abre sus flores de semen provisional
la fauna pederasta.
La pureza de los clérigos.
La pureza de los académicos.
La pureza de los gramáticos.
La pureza de los que aseguran
que hay que ser puros, puros, puros.
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia.
La pureza de la mujer que nunca lamió un glande.
La pureza del que nunca succionó un clítoris.
La pureza de la que nunca parió.
La pureza del que no engendró nunca.
La pureza del que se da golpes en el pecho, y
dice santo, santo, santo,
cuando es un diablo, diablo, diablo.
En fin, la pureza
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro
para saber qué cosa es la pureza.

Punto, fecha y firma.
Así lo dejo escrito.

jueves, 16 de octubre de 2014

Enterrar y callar - Miguel Otero Silva

Si han muerto entre centellas fementidas
La junta militar - Débora Arango 
inmolados por cráteres de acero,
ahogados por un río de caballos,
aplastados por saurios maquinales,
degollados por láminas de forja,
triturados por hélices conscientes,
quemados por un fuego dirigido,
¿enterrar y callar?

Si han caído de espaldas en el fango
con un hoyo violeta en la garganta,
si buitres de madera y aluminio
desde el más alto azul les dieron muerte,
si el aire que bebieron sus pulmones
fue un resuello de nube ponzoñosa,
si así murieron sin haber vivido,
¿enterrar y callar?

Si las voces de mando los mandaron
deliberadamente hacia el abismo,
si humedeció sus áridos cadáveres
el llanto encubridor de los hisopos,
si su sangre de jóvenes, su sangre
fue tan sólo guarismo de un contrato,
si las brujas cabalgan en sus huesos,
¿enterrar y callar?

Enterrar y gritar.

viernes, 10 de octubre de 2014

Los amantes - Julio Cortázar

Fotografía: Sara Graciano, 2014
¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos ?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.

Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.

lunes, 6 de octubre de 2014

Cansancio - Oliverio Girondo

Lady of Shalott, Natalie Shau
Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.

Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.


Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.

Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.

domingo, 5 de octubre de 2014

El cuerpo - Sara Graciano

Un cuerpo es pasado,
Fantasía del presente,
Lujuria resguardada
En curvilíneas figuras
Que desesperan al ardiente.

Un cuerpo es historia,
Malicia contenida y humo.
Vapor de obscenidad,
Cintas que atan al ensueño,
A la imaginación que se extiende
Por diminutos trazos de audacia.

Un cuerpo es marca de cuerpos unidos,
Narraciones en la piel,
Símbolos irrevelables del pensamiento,
Visión impúdica de la vida,
Canción nocturna de luna.

Y un cuerpo es entonces,
Crepúsculo de belleza,
Viento silbando las penas,
En los rincones y espacios
Que forman las tiernas caderas.

Un cuerpo es pirotecnia del alma,
Exhibición espectacular del deseo,
Presunción de ojos que miran extasiados
el vacío permanente que contiene.

Y ese cuerpo es espejismo de fulanos,
Musa inverosímil de poesía,
Causa oculta de insomnio y angustias,
Desespero de otros cuerpos,
Yaciendo en el frenesí de los delirios. 

Encrucijada - Miguel Otero Silva


Nos separaba de la calle
el cristal empañado de lluvia.
Yo estaba lejos del mundo,
hoja caída en el remanso de su llanto.

Ella era menuda y tierna
y se hacía más menuda entre mis brazos
y más tierna bajo mis ojos.

Entre nosotros y la calle
y la lluvia y el cristal de la ventana
eran dos abismos de plata.

La vida estaba allí naufragando en sus ojos
la belleza dormía en sus senos perfumados
la luz -toda la luz- se me daba en su boca
la humanidad - mi humanidad - era ella.

Más allá del cristal
más allá de la lluvia
pasaron...

Yo separé los ojos de los ojos de ella
para verlos pasar.

Marchaban chapoteando en el barro
los pies descalzos.
Desfilaban los rostros anochecidos de hambre.
Y las manos encallecidas de miseria
y las almas curvadas de injusticia
y las voces amanecidas de odio
desfilaban los pies descalzos.

Iba la madre con el hijo al cuadril
y el anciano rumoreando penas.
Y el mozo flameando la bandera,
iban de frente hacia la vida
armoniosamente rebeldes.

No sé si me lo gritaron ellos
o si me lo grité yo mismo.
Pero en las filas, de los que pasaban
estaban mi puesto, mi bandera y mi grito.

El cristal empañado de lluvia
esfumaba los rasgos de la calle
por donde pasaban los míos.
Volví los ojos hacia ella
que se hacia casi yo entre mis brazos
y le dije:

-Me llaman los que pasan.

Sus ojos empañados
me separaban de su alma
como el cristal con lluvia
me separaba de la calle.

Me dijo lentamente:
-No te vayas.

Y se hizo más menuda entre mis brazos
y me ofreció su boca palpitante
y sentí junto a mí, temblorosos sus senos.

Yo escuchaba chapotear en el barro
los pies descalzos
y presentía los rostros anochecidos
de hambre.

Mi corazón fue un péndulo entre
ella y la calle...

Y no sé con qué fuerza me libré
de sus ojos
me zafé de sus brazos.
Ella quedó nublando de lágrimas
su angustia.

Tras de la lluvia y del cristal
pero incapaz para gritarme:
-¡Espérame! ¡Yo me marcho contigo!

martes, 30 de septiembre de 2014

Bíblico también - Federico Hernández Aguilar


Usted quédese amando al prójimo


A mí la que me gusta es la prójima

Toda próxima
la prójima me gusta más porque sonríe
porque quiere y no quiere con los ojos
porque se aprieta el pecho con soltura
y cierra las piernas con codicia

Usted quédese amando al prójimo

Yo prefiero a la prójima que mira
que sabe que toca que prueba

samaritana
magdalena
repentina
la sin piedras
la de nunca por si acaso
la que enseña a dudar de verdad
en salones repletos de prójimos

Quédese pues
usted
amando al prójimo

que yo seguiré a la prójima
prófuga
próxima
pródiga

sábado, 27 de septiembre de 2014

Poema tristísimo - Gonzalo Arango


Si muero
te invito al sol
alma mía
y no olvides
llevar tu cuerpo

Sufriremos felices
y juntos seremos
carne de luz
en la memoria de Dios

Y si no hay Dios
lo mismo da

Recordaremos el sol
que tanto nos gustaba
allá en Cali Colombia
Nuevo Mundo ¿Recuerdas?

¿O era en la luna?
¡Lo olvidé!

domingo, 7 de septiembre de 2014

Miguel Angel Zapata - Uno se cansa de estar solo

Uno se cansa de estar solo delirando
con su ventana en medio de la calle,
entre la nieve que arrastra
su blancor por los callejones olvidados.
Uno se cansa de salir a buscar la
misma mujer con el cabello
largo hasta los pies.

Tal vez en eso consista el arte de la soledad:
escribir repetidas veces la isla con su cielo lila
y la esbeltez del faro que derrama su luz sobre
nuestro cabello alborotado.
Tal vez sea sólo eso: una brújula sin memoria
para el tiempo que vendrá.

viernes, 29 de agosto de 2014

Aullar en luna negra - Sara Graciano

Si alguna vez te esperé,
Ya no te espero más…
Para acabar con mi amor,
Has hecho lo que hacía falta

Has puesto hombre, maltrato,
Cereza en helado y crema.
Has puesto el último sorbo,
Con que podían mis penas.

Y yo, que nací cruda,
Rosada, fea, y calva,
Ahora soy madura,
Y quiero estar en calma.

La libertad me persigue,
Y le he huído tantos años,
Que ahora no puedo mentirle,
No merezco esperarte tanto.

Mientras viajé te pensaba,
Mientras lo hacía me amaba,
Y encontraba incompatible,
Mi amor con tu alma árida.

Contigo me secaría,
¡Que horror, se me acabaría el agua!
Mi rio corría y corría,
Mis lágrimas lo alimentaban.

Alcé el vuelo hombre triste,
Con mis ojos conquisté montañas,
Con mis sueños, miré la vida,
Sin ceguera y entusiamada.

Mientras caminé yo sola,
Por bosques fríos,
Y caminos húmedos,
Pensé en lo feliz que era,
Y agradecí a mi loba sagrada.

Esa mujer que me habita,
Que me llena de esperanza,
Y que cuando me pierdo se agita,
Con ternura me regaña.

Pusiste ceniza en fuego,
Manchaste con tinta mi lago,
Guardaste mi amor en el fondo,
En lo más profundo de una caja.

Hombre y el amor se asfixia,
Si no se comunica, se acaba.
Quiere salir la pasión,
Quiere abrazar las palabras…

Y en este mundo pequeño,
Te encuentro desconocido,
Y percibo que me esperaban,
No solo yo estaba atenta a una llegada…

Fervientes ojos miraban,
La loba que yo ocultaba,
Me desnudé de prejuicios,
Reproches me resbalaban…

Si alguna vez te esperé,
Esa era otra fulana,
Yo ahora soy mujer nueva,
Que fluye enérgica y reconfortada.

Éxtasis - Armando Nervo


Cada rosa gentil ayer nacida, 
cada aurora que apunta entre sonrojos, 
dejan mi alma en el éxtasis sumida... 
¡Nunca se cansan de mirar mis ojos 
el perpetuo milagro de la vida! 

Años ha que contemplo las estrellas 
en las diáfanas noches españolas 
y las encuentro cada vez más bellas. 
Años ha que en el mar, conmigo a solas, 
de las olas escucho las querellas, 
y aun me pasma el prodigio de las olas

Cada vez hallo la Naturaleza 
más sobrenatural, más pura y santa, 
Para mí, en rededor, todo es belleza; 
y con la misma plenitud me encanta 
la boca de la madre cuando reza 
que la boca del niño cuando canta. 

Quiero ser inmortal, con sed intensa, 
porque es maravilloso el panorama 
con que nos brinda la creación inmensa; 
porque cada lucero me reclama, 
diciéndome, al brillar: «Aquí se piensa, 
también aquí se lucha, aquí se ama».

miércoles, 27 de agosto de 2014

Nostalmidad - Sara Graciano


Despertar y decir: “me quedo”

Me quedo a ver como se inunda tu cama de alegrías.
Me quedo a arroparme de la lluvia con tu aliento
Me quedo a construir un horizonte despejado.
Que las nubes no retuerzan nuestros sueños.
Que la tormenta se agote con el tiempo…

martes, 26 de agosto de 2014

Balada del mal genio - Mario Benedetti

Natalie Shau
Hay días en que siento una desgana
de mí, de ti, de todo lo que insiste en creerse
y me hallo sólidamente cretino
apto para que en mí vacilen los rencores
y nada me parezca un aceptable augurio.


días en que abro el diario con el corazón en la boca
como si aguardara de veras que mi nombre
fuera a aparecer en los avisos fúnebres
seguido de la nómina de parientes y amigos
y de todo el indócil personal a mis órdenes.


Hay días que ni siquiera son obscuros
días en que pierdo el rastro de mi pena
y resuelvo las palabras cruzadas
con una rabia hecha para otra ocasión
digamos, por ejemplo, para noches de insomnio.


días en que uno sabe que hace mucho era bueno
bah...tal vez no hace tanto que salía la luna
limpia como después de un jabón perfumado
y aquello si era auténtica melancolía
y no este malsano, dulce aburrimiento.

domingo, 24 de agosto de 2014

No es nada de tu cuerpo - Jaime Sabines

Francine Van Hove
No es nada de tu cuerpo
ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,
ni ese lugar secreto que los dos conocemos,
fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.

No es tu boca -tu boca
que es igual que tu sexo-,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcísima y suave,
ni tu ombligo en que bebo.
Ni son tus muslos duros como el día,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo.

No es tu mirada -¿qué es una mirada?-
triste luz descarriada, paz sin dueño,
ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueño.
Ni es tu lengua de víbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego,
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un grano, ni un momento.

Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.

sábado, 23 de agosto de 2014

Beso - Sara Graciano

Te doy un beso
En el universo clandestino…

Donde se hallan
La adrenalina y la duda.
Donde los deseos
dejan de ser implosiones reprimidas.

En ese universo,

Te doy un verso en silencio.

Conversaciones en el locutorio - David Roll

En los locutorios de España, donde los emigrantes llaman a sus familiares por menos dinero de lo que cuestan las llamadas locales, es muy difícil evitar escuchar lo que se habla en las cabinas vecinas, porque los tabiques divisorios son muy delgados. Muchas veces las conversaciones son dramáticas, pero en otras oportunidades se dan situaciones de humor que se comprenden, aunque uno solo escuche a una de las partes:

-Hola mija.
-¡Como así que ya se acabó esa plata!
-¿Es que ustedes creen que aquí regalan todo?
-¿Unos tenis para quien?
-¿Y por qué no han pagado eso todavía? Les van a cortar la luz si se descuidan...
-¿Cómo van  a valer todo eso unas medicinas?
-A mí no me hables de deudas ajenas.
Un largo silencio y luego habla la emigrante con voz de telefonista. Dice alzando la voz:
-Para unos zapatos marque uno, para pago de servicios marque dos, para las medicinas del abuelo marque tres, para los útiles escolares marque cuatro...
Y se escucha que cuelga el teléfono y sale a grandes pasos de la cabina y del locutorio, enfadada pero con aire de triunfo.

jueves, 21 de agosto de 2014

El guardador de rebaños - Fernando Pessoa

Mujer dormida sobre libro - Francine Van Hove

Desde la ventana más alta de mi casa,
con un pañuelo blanco digo adiós
a mis versos, que viajan hacia la humanidad.
Y no estoy alegre ni triste.
Ése es el destino de los versos.

Los escribí y debo enseñárselos a todos
porque no puedo hacer lo contrario,
como la flor no puede esconder el color,
ni el río ocultar que corre,
ni el árbol ocultar que da frutos.

He aquí que ya van lejos, como si fuesen en la diligencia,
y yo siento pena sin querer,
igual que un dolor en el cuerpo.

¿Quién sabe quién los leerá?
¿Quién sabe a qué manos irán?

Flor, me cogió el destino para los ojos.
Árbol, me arrancaron los frutos para las bocas.
Río, el destino de mi agua era no quedarse en mí.
Me resigno y me siento casi alegre,casi tan alegre como quien se cansa de estar triste.

¡Idos, idos de mí!
Pasa el árbol y se queda disperso por la Naturaleza.
Se marchita la flor y su polvo dura siempre.
Corre el río y entra en el mar y su agua es siempre la
que fue suya.

Paso y me quedo, como el Universo.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Memoria - Sara Graciano


Te invito a que recuerdes
Que te amé descaradamente
Que asoleé mi cabello a la luz de tus pupilas
Que brillaron mis ojos verdes, esmeraldas, esperanza,
Al verte una sonrisa, brotando en las mejillas.

Recuerda mis dedos, pasando por tus orejas,
Recorriendo carmín, labios, cuerpo, ombligo,
Canciones al despertar, miradas en la oscuridad,
Tu cuello refugio, abrigo de mi respiración.

Te invito a que recuerdes mis piernas enredadas,
En tus piernas perseguidas por la ansiedad de enlazar el alma.
El alma…el corazón y el cuerpo, puestos en una cama.

Recuerda las noches lúgubres, angustia existencial binaria.
Dos seres llenos de dudas, la vida sin sentido,
El ser sin tener ganas…

Y olvida que lloramos,
Que te extrañé muchas veces,
Que nos clavamos puñales,
Que insoportables heridas,
No hicimos con palabras…

Olvida los ríos corriendo,
Haciendo de nosotros mares,
Olvida que me olvidaste,
Mientras te amaba,
Olvida también que oculté
Mis sabanas frías y mis palomas moteadas.

No olvides la última vez
Que te escribí en la piel mis deseos,
Que te curtí el nombre en mis sueños,
Que te escribí hasta borrar el blanco de las páginas.

No olvides, la desnudez, del cuerpo,
La desnudez de las palabras

Y olvida,
Olvida las nubes en las pestañas
Los silencios, eco de la rabia,
Los celos enrojeciendo la cara,
La vida yéndose por los dedos
Y el amor, el amor hostil y en llamas.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Soneto a Teresa - Eduardo Carranza

Gabriel Gonzalo, Mujer y ventana
Teresa en cuya frente el cielo empieza
como el aroma en la sien de la flor;
Teresa la del suave desamor
y el arroyuelo azul en la cabeza.

Teresa en espiral de ligereza
y uva y rosa y trigo surtidor:
tu cuerpo es todo el río del amor
que nunca acaba de pasar, Teresa.

Niña por quien el día se levanta,
por quien la noche se levanta y canta,
en pie sobre los sueños, su canción;

Teresa, en fin, por quien ausente vivo,
por quien con mano enamorada escribo,
por quien de nuevo existe el corazón.

domingo, 10 de agosto de 2014

Después - Oumar Farouk Sesay

Banksy
Después hubieran destripado la tierra
Y rasgado sus entrañas como una hiena hará con su presa

Después hubieran exhumado el mineral y el oro en su vientre
Y dejado un rastro de tumbas

Después hubieran extraído la bauxita
Y dejado una herida abierta en nuestra finca de café

Después hubieran movido nuestro pueblo desde su anclaje ancestral
a una parte profanada del bosque

Después hubieran exhumado nuestros antepasados ​​dejándonos soportar la ira de su espíritu despreciado

Después hubieran mutilado los genitales de la cultura que dejándonos sangrar como una herida abierta

Después hubieran borrado todos nuestros tabúes y limitaciones que dejándonos al descubierto

Al igual que los bailarines pies desnudos sobre brasas de fuego

Después hubieran violado a nuestra dignidad y robaron nuestra integridad
Dejándonos envueltos en auto suplicas

Después de que hubieran convertido el frondoso bosque en desierto
Y dejado una tierra yerma de vomitar nuestras semillas

Después nos hubieran dejado encadenados a la pobreza del alma y el espíritu

Después hubieran dejado de celebrar los logros
Mientras nos encogeríamos de dolor

Después tendríamos que parar las disputas acerca de nuestras diferencias
Y ver la uniformidad de nuestra angustia

Después de que todo se haya vuelto como el desierto de la trompeta final,
Nos daríamos cuenta de que nos hemos vendido a la esclavitud de nuevo
Esta vez en las costas de nuestra tierra con los ojos bien abiertos

sábado, 9 de agosto de 2014

Como un milagro - Mario Benedetti

Fotografía, Sara Graciano, 2013
La linda parejita que transcurre
por el viejo teclado de baldosas
sabe y no sabe de su amor a término
o de las marcas que impondrán los días

la linda parejita en su burbuja
no quiere saber nada de cenizas
ni de cuevas ajenas ni de fobias
sólo pide quererse a encontronazos

asume su pasión como una ergástula
nada de libertad condicionada
con sus dos soledades basta y sobra
con sus dos cuerpos y sus cuatro manos

tiene razón la linda parejita
no es fácil instalarse en la excepción
el plazo del amor es un instante
y hay que hacerlo durar como un milagro.

viernes, 1 de agosto de 2014

Si amando demasiado - Dacia Maraini

si amando demasiado
se acaba por no amar en absoluto
yo digo que
el amor es una ficción amarga
esos ojos como velas
que pasan y pasan sobre olas de leche
¿qué se esconde dios mío
tras esos párpados azules?
¿un pensamiento de huida
el proyecto de un desafío
la decisión de poseer?
la nave de negras velas
gira ahora hacia occidente
corre sobre olas de tinta
entre rizos de viento
y gaviotas hambrientas
en aquel puente ya lo sé
abandonaré un zapato, un diente
y buena parte de mí

Traducción de Miguel Ángel Cuevas

domingo, 27 de julio de 2014

Invierno - Sara Graciano

2013


Ya no me espere hombre
Que ya no escalo desnuda la montaña.
Estoy tan frágil
como las pestañas de mis ojos.

Solté la cuerda que
Me llevaría de nuevo a tierra.
Estoy tan triste que nadie
Soporta mis ojos en la ventana.

Ya no es verano
En la piel que usted tocó un día.
Se ha marchitado
El árbol de raíces fuertes.
Ya no resisto
La agonía de esta historia
Sembré con lágrimas y recuerdos,
La alegría de su sonrisa.

Ya no lo espero
Porque ya no soy suelo fértil.
Ya me he marchado,
Vestida con hojas de primavera.

Deténgame,
Antes de que yo muera,
Pero no me espere,
Que ya no vuelo
Como cuando era libre.

Espinas púrpuras - Cecilia Taborda

En efímera taza de agua simple
Soy pasado.
Vengo de las huellas etenizadas
Soy presente.
Exhalado humo incontenible
Soy bestia.
Gotera de Dios elemental
Soy futuro.

viernes, 25 de julio de 2014

Guerra contra mi historia - Sara Graciano


Llegó la espada y me quitó mis dioses,
Me quitó el maíz y el oro,
Mi comunicación con la tierra,
Mi contacto imprescindible con mis ancestros
Mi ciclo permanente de memoria
Mi pacto feliz con la muerte.

Llegó el cañón y me quitó los recuerdos,
Me quitó la libertad y el altruismo,
Me arrancó el color de piel y las canciones
Mi sombrero hecho de palma y de alegría.

Llegó el revólver y me quitó mi dignidad,
Mis costumbres.
Me quito mi virtud y mis sueños,
Mi alimento,
Mi riqueza eterna
Mi realidad, mi mágica historia.

Llegó después el fusil
y me quitó el contacto con mis hermanos,
me quito mi paz
mi indulgencia,
me quitó la piedad y la esperanza
me llenó de rencores y llanto

Pero llegó este veneno,
Más letal que el plutonio y el uranio
(El terror se infundió en mi vida,
La impotencia acompañó al miedo)…

Llegó el mercado y me quito las semillas
Desangró mi tierra y mi gente,
El desastre para mujeres y niños…

Privatizó el agua y los minerales de la tierra
Consumió cual cáncer la selva
Y el espíritu que hay en ella….

Y así he ido vagando de tierra en tierra
en constante éxodos,
sin poder evocar ya,
ni mi origen, ni el río, ni la espesa selva.

Llegó la guerra del egoísmo
Y la ambición,
Me volví una sombra de las multitudes,
Perdí mi humanidad y mi consciencia.

Ojalá - Sara Graciano

2011

Que no seas como yo
Ni yo sea como tu

Que la vida nos espere
Que andemos valientes

Que seamos manantiales,
Que seamos miel y agua

Que huyamos del destino
Que la casualidad nos alcance

Que la montaña sea alta
Y nuestros pasos cortos

Que tengamos muchos miedos,
Que tengamos esperanza

Que soñemos y luchemos
Que seamos complemento

Que seamos diferentes
Que creas en Dios y yo en nada

Que yo te regale el brillo
Y tú el rocío y la mañana

Que tú sepas que te amo
Y que me  des verdad y sueño…


Y el alma…

miércoles, 23 de julio de 2014

Yagé - Hugo Jamioy (Nación Kamsá, Colombia)

Esta es la planta que cura el espíritu agobiado
la traigo para que la bebas.
En ella encontrarás el refrescamiento de la memoria
voces susurrando desde el interior de tus secretos
cantos envolviendo tu cuerpo hacia el camino interno de la luz.
Verás tu rostro transformado en la energía que desconoces
irás a los rincones donde yacen escondidos los secretos de la vida;
un anciano, una anciana
aguardan sentados en el rincón del olvido,
pacientes esperan por tus pasos.
Tenderán sus manos para guiarte a las fuentes de donde bebieron
los secretos de la vida
caminarás entre plantas y animales que dan poder y resistencia
tomarás las que dicte tu espíritu
rugirás para limpiar el camino.
El equilibrio de tus pasos lo sostiene tu espíritu.
Tus pies solo caminan.

lunes, 21 de julio de 2014

Ciudad (2) - José Manuel Arango

Panorámica desde el centro oriente de la ciudad de Medellín, Colombia
Década de 1950
Fotógrafo: Carlos Rodríguez

Y salí al balcón, melancólicamente,
para cambiar de pensamientos, mirando al menos
un poco de la ciudad que amo...
C. Kavafis

1

Como si se desprendiera de las montañas, 
de sus flancos que a esta hora
son de un violeta muy terso,

la sombra comienza a descender sobre la ciudad,
rueda por los tejados, cae
en las calles.

Es como un derrumbamiento. 
Las montañas rodean,
hoscas,
erizadas de puntas.

Así
llevamos en el corazón el peso de estos montes.

Que ahora caen sobre
la ciudad,
hechos de tiniebla, deshechos en tiniebla.

2

Ésta es una ciudad amurallada 
entre montañas. Uno mira en torno,
alzando la cabeza, y ve sólo
la línea azul de los montes, lejos, sus picos.

Es el borde de una copa quebrada.

Y en el fondo de la copa está la ciudad, 
ensimismada, dura.

3
Hablo de la ciudad que amo, 
de la ciudad que aborrezco.

Mientras anochece sobre los búcaros,
en las laderas,
en la boca del perro, en sus dientes.

Mientras anochece en el hueso 
seco del corazón.

Las mujeres y la lluvia - Liliana Ancalao (Nación Mapuche, Argentina)

cuando niñas vamos sueltas por el patio
y el sol nos persigue de a caballo
pero la luna implacable nos va dejando sus mareas
hasta que nos desvela
y esa noche encontramos
un cántaro
en lugar de la cintura

aprendices de machi las mujeres
nacemos así al rocío
listas para mirar los barcos que se pierden
descalzas a la neblina antes de que amanezca
nervaduras de lluvia nuestras manos
levantadas al cielo

te salpicará el amor
parirás sin amarras
y recibirás con ojos arrasados
la visita intermitente de la risa
permanecerá la llovizna en tu vientre
porque no te atreverás a ser la madre
de todos los desamparos
que andan por la calle

caudal desubicado te desarmará
en pájaros que no saben hablar
a borbotones no podrás decir
lo que quisieras
mejor dejarlo que se derrame despacio
decir
permiso tengo lluvia y alejarse
a una altura al mar al cielo
hasta que vuelvan a apretarse los musgos
en las profundidades

yo conozco mujeres que nunca se alejan
le abren la compuerta a sus gorriones
y lloran
enjuagan el trapo mojado lo estrujan
limpian con él la tabla
pican cebollas
igual hacen las camas
barren la casa peinan a los chicos
igual lavan
dónde aprendieron

hay otras que se pasan la vida domesticando
a sus pájaros
porque no quieren que irrumpan sin aviso
y los beba el enemigo
guardan su sangre su ausencia quietos en el fondo
y apuntan con palabras nítidas de cuarzo
que van a dar al blanco

yo a las palabras las pienso
y las rescato del moho que me enturbia
cada vez puedo salvar menos
y las protejo
son la leña prendida de atahualpa
que quisiera entregar a esas mujeres
las derramadas las que atajan sus pájaros

una vez en febrero yo estaba ahí
en el campo
y se llovía todo
parecía la furia de kay kay sobre nosotros
el agua estaba helada
las ancianas prosiguieron el ritual
y tuve que quedarme
hasta cuándo aguantaremos
pará la lluvia dios es demasiada
no la bebe la tierra se atraganta
y somos casi nada
trazos de tiza borrados por el agua

después de unos siglos el sol abrió las nubes
la voz gastada de meridiana epulef
levantó el taill del cauelo
pensé que dios podía ser ese arco iris
o los caballos en fila
moro zaino pangaré tostado bayo
saludando al horizonte despejado

huele tan bien la tierra después del aguacero.

miércoles, 16 de julio de 2014

El etnógrafo - Jorge Luis Borges


El caso me lo refirieron en Texas, pero había acontenido en otro estado. Cuenta con un solo protagonista, salvo que en toda historia los protagonistas son miles, visibles e invisibles, vivos y muertos. Se llamaba, creo, Fred Murdock. Era alto a la manera americana, ni rubio ni moreno, de perfil de hacha, de muy pocas palabras. Nada singular había en él, ni siquiera esa fingida singularidad que es propia de los jóvenes. Naturalmente respetuoso, no descreía de los libros ni de quienes escriben los libros. Era suya esa edad en que el hombre no sabe aún quién es y está listo para entregarse a lo que le propone el azar: la mística del persa o el desconocido origen del húngaro, la aventuras de la guerra o del álgebra, el puritanismo o la orgía. En la universidad le aconsejaron el estudio de las lenguas indígenas. Hay ritos esotéricos que perduran en ciertas tribus del oeste; su profesor, un hombre entrado en años, le propuso que hiciera su habitación en una toldería, que observara los ritos y que descubriera el secreto que los brujos revelan al iniciado. A su vuelta, redactaría una tesis que las autoridades del instituto darían a la imprenta. Murdock aceptó con alacridad. Uno de sus mayores había muerto en las guerras de la frontera; esa antigua discordia de sus estirpes era un vínculo ahora. Previó, sin duda, las dificultades que lo aguardaban; tenía que lograr que los hombres rojos lo aceptaran como a uno de los suyos. Emprendió la larga aventura. Más de dos años habitó en la pradera, bajo toldos de cuero o a la intemperie. Se levantaba antes del alba, se acostaba al anochecer, llegó a soñar en un idioma que no era el de sus padres. Acostumbró su paladar a sabores ásperos, se cubrió con ropas extrañas, olvidó los amigos y la ciudad, llegó a pensar de una manera que su lógica rechazaba. Durante los primeros meses de aprendizaje tomaba notas sigilosas, que rompería después, acaso para no despertar la suspicacia de los otros, acaso porque ya no las precisaba. Al término de un plazo prefijado por ciertos ejercicios, de índole moral y de índole física, el sacerdote le ordenó que fuera recordando sus sueños y que se los confiara al clarear el día. Comprobó que en las noches de luna llena soñaba con bisontes. Confió estos sueños repetidos a su maestro; éste acabó por revelarle su doctrina secreta. Una mañana, sin haberse despedido de nadie, Murdock se fue.
En la ciudad, sintió la nostalgia de aquellas tardes iniciales de la pradera en que había sentido, hace tiempo, la nostalgia de la ciudad. Se encaminó al despacho del profesor y le dijo que sabía el secreto y que había resuelto no publicarlo.
-- ¿Lo ata su juramento? -- preguntó el otro.
-- No es ésa mi razón -- dijo Murdock --. En esas lejanías aprendí algo que no puedo decir.
-- ¿Acaso el idioma inglés es insuficiente? -- observaría el otro.
-- Nada de eso, señor. Ahora que poseo el secreto, podría enunciarlo de cien modos distintos y aun contradictorios. No sé muy bien cómo decirle que el secreto es precioso y que ahora la ciencia, nuestra ciencia, me parece una mera frivolidad.
Agregó al cabo de una pausa:
-- El secreto, por lo demás, no vale lo que valen los caminos que me condujeron a él. Esos caminos hay que andarlos.
El profesor le dijo con frialdad:
-- Comunicaré su decisión al Concejo. ¿Usted piensa vivir entre los indios?
Murdock le contestó:
-- No. Tal vez no vuelva a la pradera. Lo que me enseñaron sus hombres vale para cualquier lugar y para cualquier circunstancia.
Tal fue, en esencia, el diálogo.
Fred se casó, se divorció y es ahora uno de los bibliotecarios de Yale.

domingo, 13 de julio de 2014

Vuelve, pájaro encantado - Rubén Alves

 El pájaro de oro de Adrienne Segur.
Era una vez una niña que tenía como mejor amigo a un pájaro.

Un pájaro distinto a todos los demás: era encantado.

Si la puerta de la jaula está abierta, los pájaros comunes vuelan lejos, para no volver nunca más...

Pero el pájaro de la niña volaba libre, venía cuando la melancolía y la añoranza le golpeaban el pecho...

Sus plumas también eran distintas. Cambiaban de color. Eran siempre pintadas por los colores de los lugares extraños y lejanos por donde volaba.

Cierta vez, volvió totalmente blanco, la cola enorme de plumas fofas como el algodón.

– "Niña, vengo de montañas frías y cubiertas de nieve, todo maravillosamente blanco y puro, brillando bajo la luz de la luna, silencio casi sepulcral, a lo sumo el barullo del viento resquebrajando el hielo que cubre las ramas de los árboles. Como obsequio para ti, traje en mis plumas, un poco del encanto que he visto..."

Y así, empezaba a cantar las canciones y las historias de aquel mundo que la niña jamás viera. Hasta que ella se adormecía, y soñaba que volaba en las alas del pájaro.

En otra oportunidad, volvió rojo como el fuego, y lucía un penacho dorado en la cabeza.

"Vengo de una tierra quemada por la sequía, una tierra con mucho calor y sin agua, donde los grandes, los pequeños y los animales sufren la tristeza del sol que no se apaga. Mis plumas han quedado como aquel sol y traigo canciones tristes de los que se encantarían al oír el ruido de las cascadas y ver la belleza de los campos verdes.”

La niña amaba al pájaro y podía oírlo, un día tras otro, sin parar. Y el pájaro amaba a la niña, y por eso siempre volvía.

Pero, invariablemente, llegaba el momento de partir. Lloraba la niña y también el pájaro. Y la niña, con pueril entusiasmo, le pidió al pájaro que no se fuera más.

- Te contaré un secreto, dijo el pájaro: las plantas precisan de la tierra, los peces precisan de los ríos, nosotros precisamos del aire...

- Y mi encanto precisa de la nostalgia. Es esa acongojada tristeza, a la espera de volver, la que hace que mis plumas queden hermosas.

- Si no voy, no habrá nostalgia. Entonces yo dejaré de ser un pájaro encantado y tú dejarás de amarme.

Así, una vez más, el pájaro se marchó. La niña, solita, por la noche lloraba de tristeza. Y fue en una de esas solitarias noches que urdió una idea malvada.

- Si yo lo aprisiono en una jaula, nunca más se podrá marchar; será mío para siempre. Nunca más sentiré nostalgias y estaré siempre feliz".

Con este pensamiento compró una linda jaula y esperó. Finalmente, el pájaro llegó, maravilloso, con sus nuevos colores, con historias diferentes para contar.

Cansado del viaje, se durmió. La niña aprovechó la oportunidad y cuidadosamente lo aprisionó en la jaula, para que nunca más la abandonara. Y fue a dormirse muy feliz. De madrugada, un gemido triste, la despertó.

- ¡Ah mi niña... qué has hecho? Se ha roto el encanto. Mis plumas se pondrán feas y yo me olvidaré de todos los cuentos...

- Sin la nostalgia, el amor desaparecerá...

La niña no le creyó. Pensó que terminaría por acostumbrarse. Pero eso no sucedió. El tiempo iba pasando y el pájaro iba transformándose.

Se le cayeron las plumas, el rojo, el verde y el azul de su plumaje se convirtieron en un triste color gris. Y sobrevino el silencio. También la niña se entristeció.

No, ese no era el pájaro que ella amaba. Y por la noche lloraba pensando en lo que le había hecho a su amigo... Pero un día, no soportó más y abrió la puerta de la jaula.

- Puedes marcharte, pájaro, vuelve cuando quieras...".

- “Gracias niña. Tengo que partir. Es necesario que me marche para que la nostalgia llegue y me den ganas de volver. Lejos, con añoranzas, muchas cosas buenas empiezan a crecer dentro de uno.”

Y el pájaro partió. Voló hacia sitios distantes. La niña contaba los días, y cada día que pasaba su nostalgia crecía...

- ¡Qué bien! - pensaba ella - mi pájaro está volviéndose encantado nuevamente... Y ponía flores en los jarrones a la espera de su amigo...

Sin que se diera cuenta, el mundo entero se fue poniendo encantado como el pájaro. Por que, en algún lugar, estaría volando. De algún sitio, cercano o distante, tendría que volver.

Por la noche, la niña se acostaba con nostalgias, pero también con la renovada esperanza del reencuentro.

¡Ah! Mundo maravilloso que guarda, en algún sitio secreto del Universo, en plena libertad, el pájaro encantado que se ama... Y que un día, con seguridad, volverá...

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