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domingo, 13 de julio de 2014

Vuelve, pájaro encantado - Rubén Alves

 El pájaro de oro de Adrienne Segur.
Era una vez una niña que tenía como mejor amigo a un pájaro.

Un pájaro distinto a todos los demás: era encantado.

Si la puerta de la jaula está abierta, los pájaros comunes vuelan lejos, para no volver nunca más...

Pero el pájaro de la niña volaba libre, venía cuando la melancolía y la añoranza le golpeaban el pecho...

Sus plumas también eran distintas. Cambiaban de color. Eran siempre pintadas por los colores de los lugares extraños y lejanos por donde volaba.

Cierta vez, volvió totalmente blanco, la cola enorme de plumas fofas como el algodón.

– "Niña, vengo de montañas frías y cubiertas de nieve, todo maravillosamente blanco y puro, brillando bajo la luz de la luna, silencio casi sepulcral, a lo sumo el barullo del viento resquebrajando el hielo que cubre las ramas de los árboles. Como obsequio para ti, traje en mis plumas, un poco del encanto que he visto..."

Y así, empezaba a cantar las canciones y las historias de aquel mundo que la niña jamás viera. Hasta que ella se adormecía, y soñaba que volaba en las alas del pájaro.

En otra oportunidad, volvió rojo como el fuego, y lucía un penacho dorado en la cabeza.

"Vengo de una tierra quemada por la sequía, una tierra con mucho calor y sin agua, donde los grandes, los pequeños y los animales sufren la tristeza del sol que no se apaga. Mis plumas han quedado como aquel sol y traigo canciones tristes de los que se encantarían al oír el ruido de las cascadas y ver la belleza de los campos verdes.”

La niña amaba al pájaro y podía oírlo, un día tras otro, sin parar. Y el pájaro amaba a la niña, y por eso siempre volvía.

Pero, invariablemente, llegaba el momento de partir. Lloraba la niña y también el pájaro. Y la niña, con pueril entusiasmo, le pidió al pájaro que no se fuera más.

- Te contaré un secreto, dijo el pájaro: las plantas precisan de la tierra, los peces precisan de los ríos, nosotros precisamos del aire...

- Y mi encanto precisa de la nostalgia. Es esa acongojada tristeza, a la espera de volver, la que hace que mis plumas queden hermosas.

- Si no voy, no habrá nostalgia. Entonces yo dejaré de ser un pájaro encantado y tú dejarás de amarme.

Así, una vez más, el pájaro se marchó. La niña, solita, por la noche lloraba de tristeza. Y fue en una de esas solitarias noches que urdió una idea malvada.

- Si yo lo aprisiono en una jaula, nunca más se podrá marchar; será mío para siempre. Nunca más sentiré nostalgias y estaré siempre feliz".

Con este pensamiento compró una linda jaula y esperó. Finalmente, el pájaro llegó, maravilloso, con sus nuevos colores, con historias diferentes para contar.

Cansado del viaje, se durmió. La niña aprovechó la oportunidad y cuidadosamente lo aprisionó en la jaula, para que nunca más la abandonara. Y fue a dormirse muy feliz. De madrugada, un gemido triste, la despertó.

- ¡Ah mi niña... qué has hecho? Se ha roto el encanto. Mis plumas se pondrán feas y yo me olvidaré de todos los cuentos...

- Sin la nostalgia, el amor desaparecerá...

La niña no le creyó. Pensó que terminaría por acostumbrarse. Pero eso no sucedió. El tiempo iba pasando y el pájaro iba transformándose.

Se le cayeron las plumas, el rojo, el verde y el azul de su plumaje se convirtieron en un triste color gris. Y sobrevino el silencio. También la niña se entristeció.

No, ese no era el pájaro que ella amaba. Y por la noche lloraba pensando en lo que le había hecho a su amigo... Pero un día, no soportó más y abrió la puerta de la jaula.

- Puedes marcharte, pájaro, vuelve cuando quieras...".

- “Gracias niña. Tengo que partir. Es necesario que me marche para que la nostalgia llegue y me den ganas de volver. Lejos, con añoranzas, muchas cosas buenas empiezan a crecer dentro de uno.”

Y el pájaro partió. Voló hacia sitios distantes. La niña contaba los días, y cada día que pasaba su nostalgia crecía...

- ¡Qué bien! - pensaba ella - mi pájaro está volviéndose encantado nuevamente... Y ponía flores en los jarrones a la espera de su amigo...

Sin que se diera cuenta, el mundo entero se fue poniendo encantado como el pájaro. Por que, en algún lugar, estaría volando. De algún sitio, cercano o distante, tendría que volver.

Por la noche, la niña se acostaba con nostalgias, pero también con la renovada esperanza del reencuentro.

¡Ah! Mundo maravilloso que guarda, en algún sitio secreto del Universo, en plena libertad, el pájaro encantado que se ama... Y que un día, con seguridad, volverá...

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