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lunes, 29 de diciembre de 2014

Oscuridad - Sara Graciano


En mi penumbra, la ausencia me ha usurpado,
El recuerdo es una fría cuchilla cortándome pedazos de la piel,
Soy un montón de pasado, intentando estar presente en el presente
Y guardando con esmero, todo lo que ha amado.

En mi penumbra, despedirme me hace daño,
Me hace daño mirarme, pensarme, encontrarme…
Me hago daño si evoco lo que fui, lo que no soy…
Si me pregunto y persigo lo que pude haber sido.

Mi oscuridad es soledad:
un cuarto impenetrable,
Una exposición de penas, nostalgia, melancolía,
Palabras no dichas, abrazos no dados,
Canciones que se fundieron en mí y no he sacado.

Sublimidad incontrolable,
Muerte latente y palpitando,
Espacios amplios de llanto y sonrisas,
Inconformidad permanente con el mundo.

Mi oscuridad es liberación de lo nocivo,
El despliegue de mis tóxicos por el cuerpo,
Una implosión que subyace en mis ojos,
Una verdad que maniobro en mentira.

En mi penumbra, no quiero presencia,
Requiero ausencia constante de otras voces,
Requiero noche sin estrellas y sin luna.
Tiniebla fuerte, que pelee con mis ocres.

En mi penumbra no existe luz que me socorra.
Es fortaleza inaccesible a cualquier destello,
Me encuentro sola, revelándome mis recuerdos,
Mis negativos se me reparten por todo el cuarto,
Y me laceran mis pensamientos igual que ellos.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Envío - Che Guevara

"Amor: ha llegado el momento de enviarte un adiós que sabe a campo santo (a hojarasca, a algo lejano y en desuso, cuando menos). Quisiera hacerlo con esas cifras que no llegan al margen y suelen llamarse poesía, pero fracasé; tengo tantas cosas íntimas para tu oído que ya la palabra se hace carcelero, cuanto más esos algoritmos esquivos que se solazan en quebrar mi onda. No sirvo para el noble oficio de poeta. No es que no tenga cosas dulces. Si supieras las que hay arremolinadas en mi interior. ¡Pero es tan largo, ensortijado y estrecho el caracol que las contiene, que salen cansadas del viaje, malhumoradas, esquivas, y las más dulces son tan frágiles!

Quedan trizadas en el trayecto, vibraciones dispersas, nada más. […] Carezco de conductor, tendría que desintegrarme para decírtelo de una vez. Utilicemos las
palabras con un sentido cotidiano y fotografiemos el instante.

[…] Así te quiero, con recuerdo de café amargo en cada mañana sin nombre y con el sabor a carne limpia del hoyuelo de tu rodilla, un tabaco de ceniza equilibrista, y un refunfuño incoherente defendiendo la impoluta almohada […]

Así te quiero; mirando los niños como una escalera sin historia (allí te sufro porque no me pertenecen sus avatares), con una punzada de honda en los costados, un quehacer apostrofando al ocio desde el caracol […]

Ahora será un adiós verdadero; el fango me ha envejecido cinco años; sólo resta el último salto, el definitivo.

Se acabaron los cantos de sirena y los combates interiores; se levanta la cinta para mi última carrera. La velocidad será tanta que huirá todo grito. Se acabó el pasado; soy un futuro en camino.

No me llames, no te oiría; sólo puedo rumiarte en los días de sol, bajo la renovada caricia de las balas […]

Lanzaré una mirada en espiral, como la postrera vuelta del perro al descansar, y los tocaré con la vista, uno a uno y todos juntos.

Si sientes algún día la violencia impositiva de una mirada, no te vuelvas, no rompas el conjuro, continúa colando mi café y dejáme vivirte para siempre en el perenne instante."


Tomado de: March, A. (2008). Evocación. Colombia. Editorial Planeta.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Solitario invencible - Vicente Huidobro


Resbalando
Como canasta de amarguras
Con mucho silencio y mucha luz
Dormido de hielos
Te vas y vuelves a ti mismo
Te ríes de tu propio sueño
Pero suspiras poemas temblorosos
Y te convences de alguna esperanza.

La ausencia el hambre de callar
De no emitir más tantas hipótesis
De cerrar las heridas habladoras
Te da una ansia especial
Como de nieve y fuego
Quieres volver los ojos a la vida
Tragarte el universo entero
Esos campos de estrellas
Se te van de la mano después de la catástrofe
Cuando el perfume de los claveles
Gira en torno de su eje.

Doña Luz (XXI) - Jaime Sabines

La casa me protege del frío nocturno, del sol del mediodía, de los árboles derribados, del viento de los huracanes, de las asechanzas del rayo, de los ríos desbordados, de los hombres y de las fieras.

Pero la casa no me protege de la muerte. ¿Por qué rendija se cuela el aire de la muerte? ¿Qué hongo de las paredes, qué sustancia ascendente del corazón de la tierra es la muerte?

¿Quién me untó la muerte en la planta de los pies el día de mi nacimiento?

jueves, 18 de diciembre de 2014

Siembra - Miguel Otero Silva

Cuando de mí no quede sino un árbol,
cuando mis huesos se hayan esparcido
bajo la tierra madre;
cuando de ti no quede sino una rosa blanca
que se nutrió de aquello que tú fuiste
y haya zarpado ya con mil brisas distintas
el aliento del beso que hoy bebemos;
cuando ya nuestros nombres
sean sonidos sin eco
dormidos en la sombra de un olvido insondable;
tú seguirás viviendo en la belleza de la rosa,
como yo en el follaje del árbol
y nuestro amor en el murmullo de la risa.
¡Escúchame!
Yo aspiro a que vivamos
en las vibrantes voces de la mañana.
Yo quiero perdurar junto contigo
en la savia profunda de la humanidad:
en la risa del niño,
en la paz de los hombres,
en el amor sin lágrimas.
Por eso,
como habremos de darnos a la rosa y al árbol,
a la tierra y al viento,
te pido que nos demos al futuro del mundo...

Arte poética - Jorge Luis Borges

Sara Graciano, 2012
Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

Me tienes en tus manos - Jaime Sabines


Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mi mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.
A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
¡Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo!
¡Qué distante te haces y qué ausente
cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte, amor mío.

Aquellas noches de susurros e imágenes - E. Andrés Pérez

Memory - Picasso

Explotan una por una,
en la confusa secuencia de imágenes borrosas,
un recuerdo que se debilita con los días,
sonidos que se desgajan, voces que se olvidan

Maldición de memoria agujerada,
la memoria sedienta, hambrienta
por refrescar imágenes, risas, acentos

En la oscura madrugada
cuando el mundo duerme silencioso,
el coro de respiraciones pausadas
ameniza la avalancha de recuerdos

Pero son confusos, mágicos
simbólicos y vitales, una melodía sin preocupaciones
Anárquica, tan triste como alegre

La noche, reconocida cómplice para tantos
hoy me acompaña con sus murmullos de autos trasnochados
de borrachos de esquina y canción desafinada
con sus aullidos lejanos, música melancólica

Y bajo el manto tenue de una noche que no duerme
de una ciudad que no apaga sus luces
yo miro el calendario y cada día es un puñetazo

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Posdata - Sara Graciano

Ryan McGinley
Sin embargo, te confieso,
Que mi pasión por ti no se muere,
Y que te recuerdo constantemente:
Tu cuerpo en un abrazo perfecto,
La luna posada en tu mejilla izquierda,
La llama de tus ojos al verme.

No te dije que fue un sueño verte en las noches,
Verte esa noche despierto,
Y amanecer con los pies descalzos,
A la orilla de tus brazos,
Y de tu aliento en mi pelo.

No te conté tantos sueños e ilusiones reprimidas,
Agotadas por el duelo, de esta dolorosa despedida;
Sumergidas en miradas, en suspiros y canciones,
En las cosas que te decía con mis ojos mientras dormías.

No te dije que viví la felicidad suprema a tu lado,
Que me daba ansiedad verte,
Que la noción del tiempo olvidaba,
Que flotaba si me decías que me amabas.

Y no escribí tampoco que te amé profundamente
Que rescataste mi ternura
Que te pienso y te extraño,
Que iría a donde fuera solo por darte un beso.
Que quedarás en mí indeleble,
Que no harás parte de mi pasado.

Y sin embargo, hoy me despido,
Aun sabiendo que te amo,
Que no te borraré de mi cuerpo,
Que quedarás en mí tatuado.

Culpas obsoletas - Gioconda Belli


Un momento de soledad
de paz
y la tarde es mía.
Me puedo sentar a leer
sin sentirme culpable.
Sin pensar que debía salir
a comprar el líquido para desmanchar las alfombras
o bajar a jugar con la niña.

¿Cómo será, me pregunto,
no sentir incesantemente
que uno debería ocupar varios espacios al mismo
tiempo?
No pensar, mientras se tumba uno con un libro,
que se debería estar haciendo otra cosa.
Asumir, como hacen los hombres,
la importancia del tiempo
que dedicamos al propio enriquecimiento.

Las mujeres
tenazmente sentimos
que le estamos robando el tiempo a alguien.
Que quizás en ese preciso instante
se nos requiere
y no se cuenta con nosotras.
Precisamos
todo un entrenamiento
para no borrarnos, minimizarnos,
constantemente.

¡Ah! ¡Mujeres, compañeras mías!
¿Cuándo nos convenceremos
de que fue sabio el gesto
de extenderle a Adán
la manzana?

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