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domingo, 27 de diciembre de 2015

Tierra, no me olvides - Sara Graciano


Tierra, no me olvides,
porque un día volveré a quererte
desde las entrañas,
volveré a ti en forma diminuta,
en partículas de amor infinito.

Te extrañaré dolorosamente
mientras te tenga lejos,
sentiré las punzadas
que te darán los hombres,
para extraerte del vientre,
el brillo que gestas y almacenas.

Te pensaré diariamente,
no dormiré por imaginarte.
Lloraré,
descargando en lágrimas
la neblina matutina que me dabas.

Tierra, espérame.
Recorreré lugares y no-lugares
para lucharte,
para liberarte,
para reencontrarnos.

Te emanciparé del tóxico
que están derramando
en tu garganta y tus venas.

Moriré si es necesario,
para que tu vivas,
junto con tus ríos,
tus pájaros,
tus felinos
y tus semillas.

Mientras tanto,
sufro,
porque te imagino desnuda,
humillada,
saqueada por máquinas
y hombres sin límites.

Evoco tu paisaje nocturno
y siento que estar lejos de ti
es mi pesadilla.
Que al separarnos,
me quitaron la vida,
el alma,
la fuerza.

Pero al separarnos
también me pusieron furiosa,
capaz de enfrentar con hambre
porque ya no me alimentas,
y con frío,
porque ya no me abrigas,
a los colonos,
guaches,
ebrios,
pedantes,
que se creen dueños de tu cuerpo.

Tierra, no me olvides.
Porque yo te pienso obsesivamente
y te llevo impregnada
en la piel y en los huesos.

Quiero olerte de nuevo,
húmeda,
fértil,
capaz de engendrar hijos
y alimentarlos con tu sabiduría.

No me olvides,
porque volveré a tu regazo,
viva o muerta,
después de la lucha
que daré para liberarte,
que es al mismo tiempo,
liberarme.

martes, 22 de diciembre de 2015

Poema del olvido - José Ángel Buesa

Albert Laurens

Viendo pasar las nubes fue pasando la vida,
y tú, como una nube, pasaste por mi hastío.
Y se unieron entonces tu corazón y el mío,
como se van uniendo los bordes de una herida.

Los últimos ensueños y las primeras canas
entristecen de sombra todas las cosas bellas;
y hoy tu vida y mi vida son como estrellas,
pues pueden verse juntas, estando tan lejanas...

Yo bien sé que el olvido, como un agua maldita,
nos da una sed más honda que la sed que nos quita,
pero estoy tan seguro de poder olvidar...

Y miraré las nubes sin pensar que te quiero,
con el hábito sordo de un viejo marinero
que aún siente, en tierra firme, la ondulación del mar.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Las palabras - Antonio Porpetta


Llegan puras, calladas,
como dulces insectos,
invadiendo mi frente
con su zumbido leve,
portando entre sus alas
esos frágiles fuegos
que estallan en mi sangre
sus cascadas de vida.
Me adivinan cansado
de caminar el aire,
de pulsar el espacio
que me conduce a ellas,
y entonan en mis labios
sus cánticos de polen
en los que sólo crecen
espejos y almenaras.
Algunas traen la noche
ardiendo entre sus dedos
y derraman su acíbar
en mis pobres asombros;
otras son manantiales,
fulgurantes prodigios
que anidan en mis huesos
sus entrañas de azogue.
Palabras como huellas,
dejando en los alféizares
un lacre enamorado,
vivísimas palabras,
saltimbanquis del alma
sobre una red de sombras,
palabras como astros,
como madres sonoras,
diminutas palabras,
que juegan como pájaros,
palabras generosas
que nos llenan los ojos

de un trigo inagotable,
doloridas palabras,
palabras desplegando
tormentas y paisajes.

Vosotras sois mi patria,
mi único universo:
sólo con vuestro aliento
puedo habitar sin llanto
esta vieja intemperie,
esta piel fatigada.
Vosotras me hacéis libre:
en vosotras renazco.

jueves, 1 de octubre de 2015

Bocanada de la montaña - Mario Noel Rodríguez

Leandro Lamas
Canto para que juntemos los alientos en una vertiente,
subamos a la cama del asombro
sin más ropa que la memoria,
sin más escudo que la neblina sin freno.
Honda la montaña,
alto el río.
Seré universo desparramado de tus manos,
fugitiva penumbra a la hora de enfrentarnos,
de ser piel y locura, labio y cataclismo.
Seré para que seamos.
Desbordada montaña,
multiplicado río.
Santa la noche,
tremenda la vida que empujo a tus entrañas.
Santa la noche, lindo besar el suelo del cielo.
Santo el encuentro, bendita la virginidad de las orquídeas.
Montaña entrando al ensueño,
río veterano del sueño.

Fisura - Sara Graciano

Chagall

Creímos que era verdad, que íbamos a correr sin límites,
que íbamos a besarnos en lugares hermosos y apartados, 
que íbamos a fugarnos de vez en cuando a la selva,
que íbamos a hacer juntos el amor para siempre.

Pero no nos culpemos más por no haber podido ser,
o hacer lo que soñamos:
mirar tantas tardes juntos, 
tantas horas nos esperaban, conversando sobre el tiempo, 
sobre el país, sobre la vida…de la distancia, del ser humano…
Pero un día ya no pudimos,
seguir congelando el amor,
seguir ocultando los versos…
no pudimos más con la mentira de ser uno para el otro,
de encontrarnos para siempre,
de contarnos cada cosa, de escuchar cada silencio,
de derramar tantas lágrimas, ya no pudimos.

Se fueron yendo con el viento la palabra y el abrazo,
la mirada que nos unía,
la sensación de estar completos.
Quedamos a la deriva, ya no pudimos.

Quisimos desafiar a la vida, al destino, a la distancia…
y la hartura nos contrajo,
se deshizo la esperanza, 
fluyó el amor como el río,
y entre más lo intentábamos,
más punzadas, más dolor, menos cariño…

Escribo en el olvido... - Juan Gelman

Escribo en el olvido
en cada fuego de la noche
cada rostro de ti.
Hay una piedra entonces
donde te acuesto mía,
ninguno la conoce,
he fundado pueblos en tu dulzura,
he sufrido esas cosas,
eres fuera de mí,
me perteneces extranjera.

martes, 22 de septiembre de 2015

¿Cómo fuimos eso? - Sara Graciano

Leandro Lamas
¿Cómo fuimos eso?
Eso que se nos murió en la mano y en lágrimas,
eso que construimos en risas y en ríos
eso que se nos derramaba en palabras y besos
eso que nos inundaba las noches de erotismo.

Profanamos la frontera del amor y el dolor,
desnudamos las colinas que nos cubrían de vergüenza,
guardamos con celo cada fotografía-recuerdo,
botamos en el mar la cordura y los enojos.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Las ciudades - Astor Piazzola


Ciudades, fundadas para odiar 
Ciudades, tan altas, ¿para qué? 
Ciudades, cada vez de pie 
Ciudades, al polvo volverán

Ciudades, fundadas para odiar 
Ciudades, tan altas, ¿para qué? 
Ciudades, cada vez de pie 
Ciudades, al polvo volverán

Si aquí la estrella no se ve jamás 
y aquí la tierra y sierra y sol se van 
y reinará la soledad total 
Que escrita fue la destrucción final

Ciudades, fundadas para odiar 
Ciudades, tan altas, ¿para qué? 
Ciudades, cada vez de pie 
Ciudades, al polvo volverán

Qué lindo será reconstruir 
Querido, besáme hasta engendrar un hijo 
Con vuelo de albañil en paz 
Qué lindo me nacé una ciudad 
Qué calle me sangra por los pies 
Qué fuente parió mi corazón con fe? 
Y en cada charco habrá un pichón de mar 
Y en cada fragua un inventor de sol 
Y en cada puerta la inscripción astral 
Y en cada triste un aprendiz de Dios

Ciudades, ciudades ¿qué seran? 
Ciudades, sentí su anunciación 
Ciudades ya empiezo a construir 
Ciudades, del polvo volverán...

Ciudades, ciudades ¿qué serán? 
Ciudades, sentí su anunciación 
Ciudades ya empiezo a construir 
Ciudades, del polvo volverán...

domingo, 30 de agosto de 2015

La última muerte - Sara Graciano

Mujer en una hamaca, Francisco Jiménez Berbell
Encuentro a Alicia desnuda en una hamaca llorando. El crepúsculo la dibuja con su magia de carmines y anaranjados.

Cuando me acerco, descubro que tiene un esfero en la mano y que unas hojas arrugadas y manchadas están tiradas en el suelo.

Si no fuera por las lágrimas de Alicia y sus enormes ojos, ya rojos e hinchados por el llanto, yo pensaría que acaba de tener una fogosa faena con su propio cuerpo.

Despeinada y toda tirada sin aliento en la hamaca, me mira y sonríe levemente y yo me estremezco de dulzura. La veo hermosa, y curiosamente más atractiva que nunca. Me parece que todas las canciones de Yann Tiersen y de Ludovico Einaudi, se posaron en su cuerpo y en sus ojos.

Alicia, sombra derramada en mi pecho, me abraza y llora de nuevo como quien agradece la aparición y al mismo tiempo la lamenta. Me dice al oído mientras me aprieta muy fuerte: “He muerto Mauricio”. Y yo, frágil por mi existencia y por saberme culpable de mi presencia en su vida, comienzo a llorar con ella.

El río carmesí que corre por su cuello, me indican que Alicia ha muerto por última vez.

Afortunadamente enojada - Sara Graciano

Eugène Delacroix - La liberté guidant le peuple

Perdona si me enojo en silencio y luego exploto,
y si llanto incontenible sale de mi sin mesura,
y si se me antoja a veces huir,
fallando luego en el intento.

Perdona por estar taaan enojada, por haber sufrido tanto.
Y si hiero tu orgullo, cuando hablo con carácter.
Y si no soy la mujer tranquila que esperabas:
ternura incondicional a pesar de tus desaires.

Perdona sobretodo, no haberte perdonado.
Reclamar mi dignidad, enojada, desesperada.
Perdona si me enojo, si lloro y no soy dulce,
es que me encuentro agotada, de vivir en amargura.

Perdona si no cumplo tu expectativa de ser calma,
si estoy brava por tu indiferencia, y tus burlas.
Perdona si me enojo, si mi furia te rasguña,
es que a veces las heridas, me invitan a agitarme.

Perdona si me enojo, es que nací enojada,
y en una familia enojada,
entre mujeres, afortunadamente enojadas,
¡que nunca pidieron perdón por estar enojadas!

viernes, 21 de agosto de 2015

La orilla del invierno - Santos Domínguez Ramos

'Así tuvo lugar el único viaje'
F. Brines



I

Alex Alemany
Surcarás otros mares de amarga geografía.
Volverá con las naves la paloma del sueño,
el velo del ocaso, la túnica del alba fría de los inviernos.


II

Sobre este mar de sueños el ocaso te avisa
acantilados. Sube
a la gavia más alta.
Date al recuerdo, cruza la estela de la espuma
azul de las trirremes: ceniza leve, sombra
arcana de los días.
Noche
antigua del sentido.


III

Vuelves a la ciudad dormida. Las hogueras,
presagio ritual de la noche de niebla
en los bosques fluviales. Sobre los arrabales,
la lepra de los muros y las torres del sueño.
Decadencia del mundo al sur de la penumbra.


IV

La ruina de los templos, la hojarasca,
el musgo en el jardín y el peristilo,
indicios, Livio, dan en esta noche
del rito de las horas: el salitre en la oscura
acrópolis del tiempo.
Avisa a los augures. Por la almena
de ortigas y cicuta, el centinela
pide la contraseña al verdín que ya gana
con sus manos leprosas
el teatro y las puertas negras de la muralla.


V

Lenta baja la tarde hacia los arrabales
del sueño o de la luz:
tras la niebla encendida
el agua recupera el pulso subterráneo
del tiempo: ya es de noche.


VI

¿Qué oscuro capitán lleva la nave a un puerto
de poniente, a la niebla cruel del acantilado?
Seguimos en silencio
el ritmo indiferente de las constelaciones.


VII

Fanal de la nostalgia: detrás de la necrópolis
por el valle galopa el caballo del sueño:
sus cascos oscurecen las aguas pantanosas
de la marisma turbia.
Tabletea por el puente de musgo y hiedra negra:
ah, frágil recorrido del hombre hacia la sombra.


VIII

Con esa obstinación inútil de las olas
que van y vienen, van
y reiteradamente vuelven,
tu corazón se rompe contra el acantilado
alto de las estrellas
calcáreas e impasibles.


IX

Mascarones de ausencia y sargazos de niebla
cruzan los litorales de tirso y malvavisco.
Esta noche de invierno fermentan los recuerdos:
el mar es un caballo con las crines de espuma
y hay brea en la tristeza licuada de los puertos.


X
Litoral de los sueños: la torre blanca, el musgo
y los puentes de niebla en los pinares negros.
Sólo vuela el vencejo, procesión agorera
de las noches del mundo.
¡Ah, mar caliginoso de diciembre y ventiscas!


XI

La noche nos mandaba su látigo de espumas
y había vinos frutales y hogueras en la costa.
El bálsamo en las bocas musicales del sur.
Íbamos navegando, sin luna, hacia el oeste.


XII

¿Quién quema en esta noche espliego por los montes
inciertos del insomnio? ¿Quién denuncia
la silueta del toro en la orilla de juncos?
El cárabo remueve el esqueleto triste del olivo.


XIII

Sobre el mar y los pinos, la noche de alabastro
fija su muda estirpe de jazmín y magnolios.
El arco planetario traza su celosía
de mármol en los patios silentes de beleño.
Un efebo sin sombra desliza sigiloso
su espada de cristal sobre las azoteas.
Viajero transitivo de noches cinerarias,
arde en el dulce incendio de grisallas sin cauce.
Fluye el agua sin borde por los pinares húmedos
y el jinete del sueño huye por las barandas.
Ya aguarda el columbario y avisa el heliotropo.


XIV

Otra vez los esquifes, la orilla sin contornos.
Emergen las murallas asediadas, la niebla
adelgaza sus manos en la mañana gris.
Si llegáis a esta costa de lluvias minerales
y eternas, no busquéis
una imagen más pura de la desolación.

XV

Bajo el acantilado la noche es una grieta
vertical. Las espumas de los siglos horadan
el perfil insistente de la erosión. El pecio
calcáreo, la arenisca de todos los naufragios.


XVI

Abandonas el puerto sin luces de noviembre:
llevas al hombro el fardo ácimo de los días,
dulces como los bulbos blancos de la nostalgia.
Hacia las altas naves, la pasarela de algas
efímeras del llanto.


XVII

El mar ha clausurado
sus puertas con el negro celaje del invierno.
Mirad: la nave rinde su pecio al horizonte
de las últimas brumas.


XVIII

Hay sombra sólo en torno del muelle occidental,
sombra sobre las velas plegadas de los puertos
y en las hojas basales del eléboro fétido de los acantilados
y una estela difusa en la neblina azul
de los cardos del mar.


XIX

¿Quién vigila esta noche desde las altas torres
en sombra? ¿Quién agita el hachón encendido
en los adarves? Miras su reflejo en el agua:
ves la cara
secreta de la muerte.


XX

La muerte con su alcuza va rompiendo la escarcha
bajo el lentisco. Dalias de penumbras y vuelos
frágiles como el polvo frutal de los caminos.
Ya los pinos afilan sus agujas aéreas.
Noche por la carcoma sorda de los cipreses.


XXI

No volverás a ver este puerto de niebla.
La nave ya se adentra en la devanadera
líquida de la noche.
Al este las estrellas se copian en el duro
corazón de noviembre y el otoño alimenta
la lluvia que mañana caerá sobre tu boca.

XXII

Cuando lleguéis al faro y descendáis del barco
con líquenes salobres, comprenderéis al fin
que el mar es un aldaba abisal que golpea
la quilla de la nave con uvas y sargazos.
Colocad la tablilla con légamo en sus muros
y la última tesela salitre y circular
de un mosaico de niebla.


XXIII

Has visto la tesela sigilosa y el mosaico confuso de los días;
las alcuzas del sueño, la dura geografía
del dolor, los pinares, el atrio del tetrarca.
Has visto los pretorios con luna, las almenas,
las orillas oscuras y el mirto de los patios.
Eras joven y había acanto en los adarves
y hogueras en los puertos orientales. El mundo
bajaba cada tarde a los huertos de oro
del mar. Eras más joven.
La vida era una nave
con las velas abiertas.


XXIV

Y tú, Livio, te quedas
en el aire sin plomo de las constelaciones
y en los mares sin muertos de las cartografías.

Mi rebelión - Mía Gallegos


Un día partí lejos. 
Cuando mi padre se olvidó 
que yo tenía senos. 
Callé de golpe y dije adiós. 
- Decir adiós es tener 
pájaros feroces en las manos -. 

Me fui hacia allá 
donde todo es azul 
y es torrencial y fresco: 
la montaña. 

Iba con mi arado silencioso 
y un alto sueño de tambores 
en las manos. 

Inmensa, 
conjugada con el viento, 
recorriendo la cordillera 
de mi vientre, 
fresca como la santalucía 
que nace libre 
en los parajes. 

Después ya nadie 
me pronuncio en las clases, 
ni en mi barrio 
ni en mi casa. 
Solo la leyenda 
de mi valija al hombro, 
con mi mochila de luz 
creciendo arriba 
de mi espalda. 

Después, 
ya nunca pregunto mi padre 
si yo tenía lápida, 
cruz 
o alguna azucena dormida 
entre los dedos.

lunes, 17 de agosto de 2015

De la propensión a la puntualidad - Consuelo Tomas

Salvador Dalí
No es que haya nacido en otra parte.
Mucho menos, que me preocupe el tiempo
en su belleza de abstracta redondez lunática.

Es que los minutos me muerden los talones
hormigas enfurecidas urgiéndome a hacer
a no detenerme en función de los finales.

Es muy cierto
la prisa es un agujero en la calma del insomne
una muralla en la planicie de los sueños
un abrevadero de ilusiones que a menudo fallan

No es que me avasalle el miedo a la tardanza
pero la magia se me acaba
he perdido las fórmulas los jeroglíficos las pócimas
la clave de los secretos que guardaba
las cosas que el sabio Fritz confió a mis huesos

Lo confieso
cada vez soy menos yo
y más lo que he vivido.

Por eso es que me apuro
para no llegarle tarde
a la que realmente he sido
cuando todo se acabe.

domingo, 12 de julio de 2015

Ondeante - Sara Graciano

Yo sé que tal vez irás por la calle de la mano de otra,
una fulana con la que reirás apasionadamente.
Te veré en un sitio concurrido por ambos,
te encontraré soñando con otros amaneceres,
por supuesto en otros brazos, recostado en otros pechos.

Yo sé muy bien que el amor no es cómo crees,
es una cosa ondeante como el ser humano,
es lenta en olvido, y rápida en reemplazo.
Por eso sé que en tus manos ya no estará mi futuro.

También sé por lo que he visto, que me dolerá volver a verte,
y ese día lloraré, y tal vez vuelva a buscarte,
pero no responderás, porque ya me habrás borrado,
de tu mente, de tu cuerpo, de tu vida, de tu identidad…

Sé, claro que sé, lo que viene.
Viajarás y bailarás y cantarás,
con otras almas,
y pensarás más tarde, preguntarás a tu mente
“¿por qué amaste a esta fulana?”,
o si de verdad alguna vez existimos en un solo cuerpo.

domingo, 21 de junio de 2015

Gotán - Juan Gelman

Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus
manos.

Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad.

Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté,
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.

Desandar el desánimo - Gabriel Impaglione

Donald Zolan
Desanimar el desánimo
deshilacharlo
que se desdibuje
grotescamente
y se destierre
y se deseternice
y su deshielo nos descubra
llenos de desimposibles.

Necesitamos caminar solos - Natalio Hernández

Abrazos de reconciliación, Paulina Escobar
Algunas veces siento que los indios
Esperamos la llegada de un hombre
Que todo lo puede
Que todo lo sabe,
Que nos puede ayudar a resolver
Todos nuestros problemas.

Sin embargo, ese hombre que todo lo puede
Y que todo lo sabe
Nunca llegará;
Porque vive en nosotros,
Se encuentra en nosotros
Camina con nosotros;
Aún duerme,
Pero ya está despertando.

lunes, 1 de junio de 2015

Conversación telefónica - Wole Soyinka



El precio parecía razonable, el lugar

indiferente. La casera juró vivir
sin prejuicios. Nada quedaba salvo
la auto-confesión. “Madame”, advertí,
“Detesto perder un viaje- Soy Africano”
silencio. Transmisión silenciada de
fingida buena educación. Voz que llega
como larga boquilla dorada y tubular, impregnada de lápiz labial
Fui sorprendido por su vileza.
“Qué tan oscuro?”… no había escuchado mal… ”
¿Es usted claro o muy oscuro?
Hedor a rancio vaho de refugio público para telefonear.
Cabina roja, buzón rojo, rojo autobús doble
aplastando el alquitrán. ¡Era real! Avergonzada
por el silencio enfermizo, llevé al límite su
turbación para suplicar explicación
ella, considerada, cambió el tono
“¿Es usted oscuro? ¿o muy claro?” advino la revelación
“Quiere usted decir, cómo chocolate puro, o con leche? ”
Su asentimiento fue clínico, rayando en la frialdad de la luz
Rápidamente, una vez ajustada la longitud de onda,
escogí Sepia Oeste- Africano- tras reflexionar dije:
“lo certifica mi pasaporte” Silencio para un espectroscópico
vuelo de ilusión, hasta que el acento de su sinceridad retumbó
con fuerza en la bocina. ¿Cómo así? dijo condescendiente
“No sé lo qué es”. “No del todo”
Facialmente, soy moreno, pero madame, debería ver usted
el resto de mí. Las palmas de mis manos, las plantas de mis pies
son de un rubio oxigenado. la fricción lo ha causado-
torpemente madame – por sentarme, mi trasero se ha tornado
Negro Cuervo- ¡Un momento madame! sintiendo
su auricular elevarse al sonido del trueno
en cuanto a mis orejas- “madame”, sugerí,
¿no preferiría verlas usted misma?

lunes, 4 de mayo de 2015

Atrás - Sara Graciano

No deseo ya encontrarte físicamente,
deseo, encontrarte sólo en mis recuerdos,
en mi silencio,
en mi soledad,
en mis escritos,
en mi llanto.

Quiero creer que fuiste un fantasma,
que fuiste un sueño (o una pesadilla).
Quiero remorderme de culpa por haber permitido
tu presencia y mi elegía.

Quiero saber que no fui abandonada por mi misma
en una noche frágil de septiembre
que nos halló tomados de la mano y de los cuerpos.

Quiero volver, y volver con mi poesía,
y no verte más,
tampoco escucharte en las olas,
ni el folclore,
ni en Sartre, ni en Tolstoi.

No deseo verte más,
ni por casualidad,
ni en una cita.
Hacer un tachón y poner “oscuridad”,
y olvidarme del cuerpo y la voz que estuvieron ahí.

martes, 28 de abril de 2015

Pájaro amarillo - Sara Graciano

Rita trepó una vez más por el muro que limitaba el paso a la casa de Santiago. Silbó desprevenidamente, mientras miraba sus zapatos embarrados. En ese momento un diminuto pájaro amarillo se paró en la rama de un árbol, y entonces ella se quedó en silencio, mirando detenidamente cómo el pajarito movía su cabeza rápidamente y parecía observarla.

Todos los derechos reservados. Sara Graciano 2015
De pronto a Rita se le ocurrió que el pájaro podía ser Santiago que estaba respondiendo a sus silbidos. Pero ¿Cómo era posible que de un día para otro, él hubiese pasado de ser el niño de cabello negro y tez morena, a ser un pajarito amarillo?

Recordó entonces la tarde del día anterior, cuando elevaban un papagayo:
Yo quiero ser cometa para subir muy alto y poder verlos a todos pequeñitos- dijo Rita.
Santiago respondió: Pero si fueras cometa, entonces sólo podrías vernos desde lo alto, si alguien quisiera elevarte para que lo hicieras.
Rita se quedó pensativa y miró a los ojos a Santiago, que sintió escalofrío.

Santiago continuó: A mí me gustaría ser pájaro: volar por donde quisiera, subir fácilmente a las copas de los árboles y pasar por el lado de las cometas estáticas, moviendo rápido las alas
-Pero entonces, te daría miedo de los humanos…- dijo Rita.
-Podría ser, porque me que querrían atar como a una cometa-.
Rita se rió, y le dio un beso en la mejilla. Mientras lo hizo, cerró los ojos por unos segundos y sintió que sus cuerpos se elevaban inevitablemente. Cuando los abrió, descubrió que todavía tocaban el piso, pensó que había sido una especie de alucinación.

Sin embargo, al recordar el suceso, se había percatado de que cuando Santiago comenzó a recoger la pita de la cometa, ella había notado una pequeña pluma amarilla en un costado del cuerpo de él.

Regreso a la poesía - Sara Graciano


Perdón por abandonarte,
por deshacerme de ti en un rayo razonable
de acciones racionales,
con razón desenfrenada.
Pero esta noche vuelvo a ti arrepentida
hija fiel de tu dulzura y regocijo.

Poesía hazme lecho en tu estancia
y deja que vuelva a tu abrazo de magia.

Poesía, téjeme una frazada,
abrígame este dolor,
la mancha que antes no estaba,
que la penumbra en tu ausencia dejó.

Perdón por calcularte,
por no asentar mi mano en el lápiz
por no correr mi tinta en tu cuerpo.
Perdón por escudarme en
la oscuridad de mis miedos.

Pero ahora te escribo sincera;
triste pero complacida,
porque me fui de tu estro,
pero ahora vuelvo en canciones,
en esta noche sin vida.

lunes, 27 de abril de 2015

Poema de un recuerdo - Gustavo Alejandro Castiñeiras


Dime por favor dónde no estás
en qué lugar puedo no ser tu ausencia
dónde puedo vivir sin recordarte,
y dónde recordar, sin que me duela.

Dime por favor en qué vacío,
no está tu sombra llenando los centros;
dónde mi soledad es ella misma,
y no el sentir que tú te encuentras lejos.

Dime por favor por qué camino,

podré yo caminar, sin ser tu huella;
dónde podré correr no por buscarte,
y dónde descansar de mi tristeza.

Dime por favor cuál es la noche,
que no tiene el color de tu mirada;
cuál es el sol, que tiene luz tan solo,
y no la sensación de que me llamas.

Dime por favor dónde hay un mar,
que no susurre a mis oídos tus palabras.

Dime por favor en qué rincón,
nadie podrá ver mi tristeza;
dime cuál es el hueco de mi almohada,
que no tiene apoyada tu cabeza.

Dime por favor cuál es la noche,
en que vendrás, para velar tu sueño;
que no puedo vivir, porque te extraño;
y que no puedo morir, porque te quiero.

Déjame morir un rato - Juan Gegrorio Regino

Déjame morir un rato,
al fin y al cabo nada es perdurable.
La vida a veces es tan fugaz
que no llegamos a descubrirla plenamente.

Déjame morir en compañía
de los rostros que me recuerdan el pasado;
aquéllos que brindaron conmigo
y me abrieron un camino junto a ellos.

Déjame morir en compañía
de los sueños que nunca fueron míos;
los que llegaron y se fueron como el
equinoccio
para romper la inercia del día y la noche.

Los que me vieron urdir los hilos
en el malacate del cielo,
para ofrendarles mi canto y mi poesía;
mi hoy y mi mañana.

viernes, 24 de abril de 2015

Digamos muy fuerte ¡arrepentimiento! - Sara Graciano

Boxes- Milan Vukmirovic

Desanclemos este dolor que llevamos dentro.
La pesada culpa de habernos encontrado,
la hora amarga en que nos amamos,
la tarde oscura en que continuamos

No dijimos basta, entonces gritemos,
alcemos la voz para no agotarnos
(¿o para agotarnos?), para no dolernos,
para despreciar con tesón este flagelo.

Saquemos con furia lo que merecemos.
No seamos cobardes y aceptemos
que nuestra noche fue más oscura de lo acostumbrado
y el ruido empapó de miedos el miedo.

Digamos muy fuerte ¡arrepentimiento!,
corramos de frente al infierno,
recordemos con odio los sueños,
desechemos fotos y momentos.

Suspendamos con alegría el tiempo,
vayamos frustrados al ruedo,
mirémonos los ojos con enojo
y acabemos para siempre el siniestro.

viernes, 17 de abril de 2015

Aguja - Sara Graciano

Will McBride
El tiempo oxidó los frutos que me guardabas,
Enmoheció los versos tristes que te escribía,
Cambió la ruta de nuestros viajes y nuestros sueños,
Entorpeció la espera desesperada.

Dio un giro amargo el agridulce de las sonrisas,
Grabó mi piel, la errata grave de tus caricias,
Sirvió el recuerdo de un adiós triste para culparnos,
por no haber hecho hasta lo imposible, lo que debíamos…

Nos despedimos sin despedirnos de incertidumbres,
Nos agotamos en la distancia y en la osadía,
Nunca te dije con las palabras que volvería,
Pero con mis dedos y con mis ojos te lo anunciaba

No sé aun cuál fue la fase lunar que me quería,
Ni las razones que el cuerpo tuvo para buscarse,
Ni las corrientes que por las noches me enloquecían,
Tampoco sé qué punzada tuve para olvidarte.

Las hojas líricas que te guardaba se humedecieron,
Ignoré el canto, ignoré el llanto, ignoré el miedo…
Me resbalé por rocas grandes hacia el abismo,
Y no volví, ni a preguntarte cómo seguiste.

Junto a la puerta - Guadalupe Grande

Caspar David Friedrich, The Abbey in the Oakwood

La casa está vacía
y el aroma de una rencorosa esperanza
perfuma cada rincón

Quién nos dijo
mientras nos desperezábamos al mundo
que alguna vez hallaríamos
cobijo en este desierto.
Quién nos hizo creer, confiar,
-peor: esperar-,
que tras la puerta, bajo la taza,
en aquel cajón, tras la palabra,
en aquella piel,
nuestra herida sería curada.
Quién escarbó en nuestros corazones
y más tarde no supo qué plantar
y nos dejó este hoyo sin semilla
donde no cabe más que la esperanza.
Quién se acercó después
y nos dijo bajito,
en un instante de avaricia,
que no había rincón donde esperar.
Quién fue tan impiadoso, quién,
que nos abrió este reino sin tazas,
sin puertas ni horas mansas,
sin treguas, sin palabras con que fraguar el mundo.
Está bien, no lloremos más,
la tarde aún cae despacio.
Demos el último paseo
de esta desdichada esperanza.

lunes, 13 de abril de 2015

Celebración de la risa - Eduardo Galeano

To laugh - Bob Salo
José Luis Castro, el carpintero del barrio, tiene muy buena mano. La madera que sabe que él la quiere, se deja hacer. El padre de José Luis había venido al Río de La Plata desde una aldea de Pontevedra. Recuerda el hijo al padre, el rostro encendido bajo el sombrero panamá, la corbata de seda en el cuello del pijama celeste, y siempre, siempre contando historias desopilantes. Donde él estaba, recuerda el hijo, ocurría la risa. De todas partes acudían a reírse, cuando él contaba, y se agolpaba el gentío. En los velorios había que levantar el ataúd, para que cupieran todos -y así el muerto se ponía de pie para escuchar con el debido respeto aquellas cosas dichas con tanta gracia.

Y de todo lo que José Luis aprendió de su padre, eso fue lo principal:
- Lo importante es reír -le enseñó el viejo-. Y reír juntos.

viernes, 10 de abril de 2015

Última carta del Che a Aleida

Mi única:

Aprovecho el viaje de un amigo para mandarte estas letras, claro que podían ir por correo, pero a uno le parece más íntimo el camino "paraoficial". Te podría decir que te extraño hasta el punto de perder el sueño, pero sé que no me creerías de manera que me abstengo. Pero hay días en que la morriña avanza incontenible y se posesiona de mí. En Navidad y Año Nuevo, sobre todo, no sabes cómo extraño tus lágrimas rituales, bajo un cielo de estrellas nuevas que me recordaba lo poco que le he sacado a la vida en el orden personal […].

De mi vida aquí poco se puede decir, el trabajo me gusta pero es excluyente y a veces un poco cansador. Estudio cuando me queda tiempo y sueño en algunos instantes; juego ajedrez, sin contrincantes de categoría y camino bastante […].

Dale un beso a los pedacitos de carne, a todo el resto y recibe el beso preñado de suspiros y otras congojas de tu pobre y pelado
Marido.

viernes, 6 de marzo de 2015

Casi obsceno - Raúl Gómez Jattin

Flor Maria Bouhot, Amantes, 1986
Si quisieras oír lo que me digo en la almohada
el rubor de tu rostro sería la recompensa
Son palabras tan íntimas como mi propia carne
que padece el dolor de tu implacable recuerdo

Te cuento ¿Sí? ¿No te vengarás un día? Me digo:
Besaría esa boca lentamente hasta volverla roja
Y en tu sexo el milagro de una mano que baja
en el momento más inesperado y como por azar
lo toca con ese fervor que inspira lo sagrado

No soy malvado trato de enamorarte
intento ser sincero con lo enfermo que estoy
y entrar en el maleficio de tu cuerpo
como un río que teme al mar,
pero siempre muere en él.

jueves, 5 de marzo de 2015

Jaime Labastida - Afrodita en el polvo


El sol, colérico de sales,
contra el agua arremete.
Hermano con hermana se acarician.
Y un cielo azul está (cubriéndola),
encima de la tierra: hijos nosotros
de esa feroz contradicción, las bestias.

Pero de líquenes, de aceites,
el cielo en la tierra se vacía.
Cargada queda así, a punto de parir
lechuzas, tallos o tubérculos,
cuando del cielo, del esposo, cae la sangre:

fuimos nosotros, nunca el tiempo,
quienes violentos arrancamos
los testículos de óxido del cielo
y con el fruto de la castración construimos
este altiplano de mercurio y sodio.

Dejando atrás espumas, violenta la sonrisa,
el amor enraizó aquí su cabellera;
porque fueron sus hebras las crecidas,
tiernas ramas de los ahuehuetes.
El amor reposó aquí
de sus débiles miembros agotados.
Y crecieron las hierbas a su paso,
se elevaron águilas de espuma y cicatrices.

Pero llegamos los indignos,
los que nada sabíamos.
Como los animales, devoramos.

Hachas de piedra o bronce,
machetes de ceniza.
Devastamos los montes,
destruimos las praderas,
sepultamos a Afrodita bajo el polvo.

Y ahora de la cuenca del lago sube este
violento buitre de mirada blanda
y en su esqueleto cálido se posa.

Hemos de respirar esa desgracia.
Porque los días son álamos de polvo,
buitres que asedian la ciudad,
nubes arteras que acaban nuestro oxígeno.

sábado, 28 de febrero de 2015

El Che se despide de Aleida antes de marcharse a Bolivia

Mi única en el mundo;
A hurtadillas extraje de la alacena de Hickmet este solo verso enamorado,
para dejarte la exacta dimensión de mi cariño.

No obstante,
en el laberinto más hondo del caracol taciturno
se unen y repelen los polos de mi espíritu:
tú y todos.

Los todos me exigen la entrega total,
¡Que mi sola sombra oscurezca el camino!
Mas sin burlar las normas del amor sublimado
Te guardo escondida en mi alforja de viaje.

(Te llevo en mi alforja de viajero insaciable
como al pan nuestro de todos los días).

Salgo a edificar las primaveras de sangre y argamasa
y te dejo, en el hueco de mi ausencia,
este beso sin domicilio conocido.

Pero no me anunciaron la plaza reservada
en el desfile triunfal de la victoria
y el sendero que conduce a mi camino está nimbado de sombras agoreras.
Si me destinan al oscuro sitial de los cimientos,
guárdalo en el archivo nebuloso del recuerdo;
úsalo en noches de lágrimas y sueños…

Adiós mi única,
no tiembles ante el hambre de los lobos
ni en el frío estepario de la ausencia;
del lado del corazón te llevo
y juntos seguiremos hasta que la ruta se esfume...

Indispensable - Sara Graciano

(2014)

Abrazos de reconciliación, Paulina Escobar
Necesito reencontrarme,
hallarme,
no volverme a perder.

Seguir viva,
no morir,
no pisar más el carbón con los pies descalzos.

No aumentar la llama que me quema,
que hace mi vida girones.
No esperar más el tóxico,
de otro cuerpo que está enfermo.

Necesito ser una vez más la última luz del crepúsculo,
encontrarme en un árbol,
aislarme en un río.
Volver a ser armonía con la naturaleza.

Necesito ser yo,
ser invierno encendido.
Perder la cordura cada vez que se me antoje.
Buscarme en el cuerpo pasiones, deseos, libertad…

Necesito tener alas,
como las que se fueron perdiendo.
Ir sanando heridas,
y volver a ser nobleza, paz, liberación…

No extraño nada más,
solo me extraño a mí misma.
Extraño lo que soy,
lo que quería ser,
lo que podía ser…

Necesito huir de la vida,
necesito encontrar la muerte,
necesito estar en tinieblas,
y después renacer en voz de mañana.
Pero no un mañana sin rostro,
un mañana conmigo al ataque.

Mi pobre amor se está llendo - León de Greiff

Alex Alemany
Mi pobre amor se está yendo...
yo me quedaré llorando...
La lluvia, leve, cayendo;
una nube, allá, glisando...

Mi pobre amor se está yendo.

Lejos, muy lejos!, soñando
la dulce amada, y tejiendo
su ilusión, me va matando...
Mi pobre amor se está yendo...

¿Qué pasa, que nada entiendo?
Qué pena se va a acercando?

La lluvia, leve, cayendo...
Una nube, allá, glisando...
La dulce amada tejiendo
su ilusión, que voy matando!

Mi pobre amor se está yendo...
Yo me quedaré llorando!

sábado, 21 de febrero de 2015

Canción del boga ausente - Candelario Obeso

Todos los derechos reservados. Sara Graciano 2014.

Qué triste que está la noche;
La noche qué triste está,
No hay en el cielo una estrella.
¡Remá, remá!
La negra del alma mía,
Mientras yo briego en la mar ,
Bañado en sudor por ella,
¿Qué hará? ¿Qué hará?
Tal vez por su zambo amado
Doliente suspirará,
O tal vez ni me recuerda..,
¡Llorá! iLlorá!
Las hembras son como todo
Lo de esta tierra desgraciada;
¡Con arte se saca el pez
Del mar, del mar!...
Con arte se ablanda el hierro,
Se doma la mapaná...
¿Constantes, firmes? iLas penas!
No hay más, no hay más...
Qué oscura que está la noche,
La noche qué oscura está,
Asi de oscura es la ausencia.
¡Bogá, bogá!

martes, 17 de febrero de 2015

Puente - Sara Graciano

Todos los derechos reservados. Sara Graciano 2015
Si un atardecer nos lleva al abismo,
al cañón inevitable de la tristeza…
no temas,
yo encuentro sosiego en tu pecho;
no huyas,
disfruta los ocres conmigo.

Si en un sueño me encuentras
y te hablo al oído,
tómame despacio
y no hagas ruido.
que todas mis partes
te esperan con versos;
sin letra,
en tu piel los dejaré escritos.

No volvamos jamás
a la tierra árida
del disgusto inerte,
de palabras fieras,
del deseo herido…

Regresemos siempre
a la arena suave,
las mañanas cálidas
y el amor en un río.

Recorramos juntos
este mundo oscuro;
que nos abracemos
hasta llenar el vacío…
(O hasta que se mezclen nuestras soledades)

Te espero pues
para armar los sueños,
construir los paisajes,
pintar los caminos.

Pero especialmente
levantar el puente que nos comunique,
el pasaje que una
nuestros destinos.

lunes, 9 de febrero de 2015

444 Kilómetros

Por una calle
o por dos,
caminaré en soledad;
y el sol me iluminará,
pero en mí habrá un nubarrón.

Por ciertas calles,
tal vez,
caminarás con afán,
y recordarás una frase
o un beso con dolor.

Caminaremos los dos
entre el tumulto y la polución,
pero esta vez no habrá esperanza,
o ternura,
o amor.

Yo contendré mi llanto,
en medio del tráfico y el calor.
Tú retendrás tus sueños,
se congelarán por el frío
y la falta de pasión.

Ambos esperaremos
una llamada con ansiedad;
y andaremos con prisa,
sin darnos cuenta,
por el andén.

Y cuando el silencio
llene el espacio de al rededor,
con llanto amargo
salpicaremos nuestro edredón.

¿Qué fiera historia nos hizo esto y nos quiere herir?

¿En qué momento vino esta muerte y nos secuestró?

viernes, 6 de febrero de 2015

Plegaria al orgasmo - Dina Posada

Picasso
Ajeno a mis pensamientos
huiste a un casto silencio

Hoy
que sedienta mi sangre te busca
ni a golpes ni a ruegos
te insinúas

enajenado prosigues
riguroso y oprimido y largamente oscuro
como pasillo de convento desolado


ángel de dura delicia
apático orgasmo rebelde
erizado temblor
pólvora vulnerable

regresa a mí
y aniquílame

viernes, 30 de enero de 2015

Oración a la vida - Ángel M. Ritro

Hablar de ti, es nombrar aquella tierra de quietud y de bondad
que me espigó presencia y sangre, más allá…
Hablar de ti es nombrar el niño aquel
tan uno, y sin embargo, tan igual.

Hablar de tí es querer un mundo en paz.
Hablar de ti es rezar de nuevo la poesía del primer amor
y oir también el llanto de la soledad.
Hablar de ti es palpar la fresca piel,
la misma que se ardió en la unión total.

Hablar de ti es querer sembrar la paz.
Hablar de ti es cerrar la mano ciega del absurdo y del dolor
que quiere ahogar el grito de la rebelión.
Hablar de ti, es por siempre maldecir la guerra, el hambre y la iniquidad.

Hablar de ti, es querer pelear la paz.
Nombrarte quiero, al fin, con todas las campanas de la gratitud:
el soplo que me diste, sabe a donde va…
Y en el momento de decir adiós, una canción dirá que no hay final
y unas espigas dorarán la paz.

Sobre el mar de tu misterio boga mi luz:
es la misma luz que viste al cielo de azul.
Hablar de ti, es querer cantar
con la plenitud de ser
sombra y sol,
por que sí…
¡Vital!

La mar - Sara Graciano

Ojalá nunca deje de ver la muerte como una alternativa

Alex Alemany - Mediterráneo 

¿Qué me escondes?
¿Qué tan profunda es tu oscuridad?
¿A dónde me llevas?
¿Qué esperas de mí?
¿Cuántos caminos hallaste y por qué escogiste el mío?
¿Cuántas puertas se te abrieron antes de mí?
¿Qué afán te tuvo entre sus brazos cuando me viste?
¿Dónde está el tiempo que no entregaste?
¿Qué hiciste con los besos que te rodaron en el cuerpo?
¿Qué hay de las caricias que otorgaste?
¿Y las aventuras nocturnas, ebrias que tomaste?

¿Quién te dio mi rumbo o dirección?
¿En qué puerto arribaste para encontrarme?
¿De qué rincón helado me sacaste?
¿Por qué no te dio pena verme el rostro?
¿Cómo hallaste el punto libre de mi mano?
¿En qué fosa hiciste pesquisa y me encontraste?
¿Quién te dijo el código de mi cerradura?
¿En qué te convertiste a mi lado?
¿Por qué mi aliento gélido te atrae?

La muerte me socorre al verte...
Y la vida hace ebullición a mi lado.

¿En qué orilla quieres que te deje?

viernes, 2 de enero de 2015

Once - Sara Graciano

2014

He perdido más que sus horas,
Que sus miradas agitantes,
Que sus labios llenándome un beso,
Que su egoísmo insoportable.

Perdí algo más que su sombra,
Dibujada junto a la mía,
En el lecho improvisado,
Que inventamos el primer día

He perdido más que sus caprichos,
Que su insistencia posesiva
Más que su abrazo temprano,
Más que su huella en mi vientre.

Perdí más que sus locuras,
Que su llamada nocturna,
Que su cuerpo en la penumbra,
Recordándome el amor verdadero.

He perdido algo más que la alegría,
La valentía, la ligereza,
Que sentía por sólo tener su presencia

Y perdí algo más con dolor,
Perdí algo más que la cabeza,
El recuerdo de su mejilla,
Recostada en mis senos,
La libertad que sentía
Cuando veía sus ojos,
La pasión que me llovía
Con una caricia suya.

Tigre enjaulado - E.Andrés Pérez

Salvador Dalí

Existo abortado de la sombra
De la canción misteriosa
De la vida bullosa que en los bosques me extraña

Existo en un momento pétreo,
Frío y diminuto
Tan pequeño y tan pesado que me asfixia, me asesina

Un tigre enjaulado
ronda desesperado en mi interior.
Sus arpas que son de fuego
desgarran mi diafragma.
Su piel que está pintada,
emerge en mi mirada y me grita:
Revancha!

jueves, 1 de enero de 2015

Tóxico - Sara Graciano

2014

Un hombre duerme a mi lado
y me sorprende la angustia de no volver a sentirle respirándome en el cuello. 
Ni de volver a verle los labios,
ni de volver a sentir su presencia mientras duermo...
           ...Angustia de no despertar mañana abrazada a su cuerpo...

Ahuyentemos el tiempo, amor... - Gioconda Belli


Ahuyentemos el tiempo, amor,
que ya no exista;
esos minutos largos que desfilan pesados
cuando no estás conmigo
y estás en todas partes
sin estar pero estando.
Me dolés en el cuerpo,
me acariciás el pelo
y no estás
y estás cerca,
te siento levantarte
desde el aire llenarme
pero estoy sola, amor,
y este estarte viendo
sin que estés,
me hace sentirme a veces
como una leona herida,
me retuerzo
doy vueltas
te busco
y no estás
y estás
allí
tan cerca.

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