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martes, 28 de abril de 2015

Pájaro amarillo - Sara Graciano

Rita trepó una vez más por el muro que limitaba el paso a la casa de Santiago. Silbó desprevenidamente, mientras miraba sus zapatos embarrados. En ese momento un diminuto pájaro amarillo se paró en la rama de un árbol, y entonces ella se quedó en silencio, mirando detenidamente cómo el pajarito movía su cabeza rápidamente y parecía observarla.

Todos los derechos reservados. Sara Graciano 2015
De pronto a Rita se le ocurrió que el pájaro podía ser Santiago que estaba respondiendo a sus silbidos. Pero ¿Cómo era posible que de un día para otro, él hubiese pasado de ser el niño de cabello negro y tez morena, a ser un pajarito amarillo?

Recordó entonces la tarde del día anterior, cuando elevaban un papagayo:
Yo quiero ser cometa para subir muy alto y poder verlos a todos pequeñitos- dijo Rita.
Santiago respondió: Pero si fueras cometa, entonces sólo podrías vernos desde lo alto, si alguien quisiera elevarte para que lo hicieras.
Rita se quedó pensativa y miró a los ojos a Santiago, que sintió escalofrío.

Santiago continuó: A mí me gustaría ser pájaro: volar por donde quisiera, subir fácilmente a las copas de los árboles y pasar por el lado de las cometas estáticas, moviendo rápido las alas
-Pero entonces, te daría miedo de los humanos…- dijo Rita.
-Podría ser, porque me que querrían atar como a una cometa-.
Rita se rió, y le dio un beso en la mejilla. Mientras lo hizo, cerró los ojos por unos segundos y sintió que sus cuerpos se elevaban inevitablemente. Cuando los abrió, descubrió que todavía tocaban el piso, pensó que había sido una especie de alucinación.

Sin embargo, al recordar el suceso, se había percatado de que cuando Santiago comenzó a recoger la pita de la cometa, ella había notado una pequeña pluma amarilla en un costado del cuerpo de él.

Regreso a la poesía - Sara Graciano


Perdón por abandonarte,
por deshacerme de ti en un rayo razonable
de acciones racionales,
con razón desenfrenada.
Pero esta noche vuelvo a ti arrepentida
hija fiel de tu dulzura y regocijo.

Poesía hazme lecho en tu estancia
y deja que vuelva a tu abrazo de magia.

Poesía, téjeme una frazada,
abrígame este dolor,
la mancha que antes no estaba,
que la penumbra en tu ausencia dejó.

Perdón por calcularte,
por no asentar mi mano en el lápiz
por no correr mi tinta en tu cuerpo.
Perdón por escudarme en
la oscuridad de mis miedos.

Pero ahora te escribo sincera;
triste pero complacida,
porque me fui de tu estro,
pero ahora vuelvo en canciones,
en esta noche sin vida.

lunes, 27 de abril de 2015

Poema de un recuerdo - Gustavo Alejandro Castiñeiras


Dime por favor dónde no estás
en qué lugar puedo no ser tu ausencia
dónde puedo vivir sin recordarte,
y dónde recordar, sin que me duela.

Dime por favor en qué vacío,
no está tu sombra llenando los centros;
dónde mi soledad es ella misma,
y no el sentir que tú te encuentras lejos.

Dime por favor por qué camino,

podré yo caminar, sin ser tu huella;
dónde podré correr no por buscarte,
y dónde descansar de mi tristeza.

Dime por favor cuál es la noche,
que no tiene el color de tu mirada;
cuál es el sol, que tiene luz tan solo,
y no la sensación de que me llamas.

Dime por favor dónde hay un mar,
que no susurre a mis oídos tus palabras.

Dime por favor en qué rincón,
nadie podrá ver mi tristeza;
dime cuál es el hueco de mi almohada,
que no tiene apoyada tu cabeza.

Dime por favor cuál es la noche,
en que vendrás, para velar tu sueño;
que no puedo vivir, porque te extraño;
y que no puedo morir, porque te quiero.

Déjame morir un rato - Juan Gegrorio Regino

Déjame morir un rato,
al fin y al cabo nada es perdurable.
La vida a veces es tan fugaz
que no llegamos a descubrirla plenamente.

Déjame morir en compañía
de los rostros que me recuerdan el pasado;
aquéllos que brindaron conmigo
y me abrieron un camino junto a ellos.

Déjame morir en compañía
de los sueños que nunca fueron míos;
los que llegaron y se fueron como el
equinoccio
para romper la inercia del día y la noche.

Los que me vieron urdir los hilos
en el malacate del cielo,
para ofrendarles mi canto y mi poesía;
mi hoy y mi mañana.

viernes, 24 de abril de 2015

Digamos muy fuerte ¡arrepentimiento! - Sara Graciano

Boxes- Milan Vukmirovic

Desanclemos este dolor que llevamos dentro.
La pesada culpa de habernos encontrado,
la hora amarga en que nos amamos,
la tarde oscura en que continuamos

No dijimos basta, entonces gritemos,
alcemos la voz para no agotarnos
(¿o para agotarnos?), para no dolernos,
para despreciar con tesón este flagelo.

Saquemos con furia lo que merecemos.
No seamos cobardes y aceptemos
que nuestra noche fue más oscura de lo acostumbrado
y el ruido empapó de miedos el miedo.

Digamos muy fuerte ¡arrepentimiento!,
corramos de frente al infierno,
recordemos con odio los sueños,
desechemos fotos y momentos.

Suspendamos con alegría el tiempo,
vayamos frustrados al ruedo,
mirémonos los ojos con enojo
y acabemos para siempre el siniestro.

viernes, 17 de abril de 2015

Aguja - Sara Graciano

Will McBride
El tiempo oxidó los frutos que me guardabas,
Enmoheció los versos tristes que te escribía,
Cambió la ruta de nuestros viajes y nuestros sueños,
Entorpeció la espera desesperada.

Dio un giro amargo el agridulce de las sonrisas,
Grabó mi piel, la errata grave de tus caricias,
Sirvió el recuerdo de un adiós triste para culparnos,
por no haber hecho hasta lo imposible, lo que debíamos…

Nos despedimos sin despedirnos de incertidumbres,
Nos agotamos en la distancia y en la osadía,
Nunca te dije con las palabras que volvería,
Pero con mis dedos y con mis ojos te lo anunciaba

No sé aun cuál fue la fase lunar que me quería,
Ni las razones que el cuerpo tuvo para buscarse,
Ni las corrientes que por las noches me enloquecían,
Tampoco sé qué punzada tuve para olvidarte.

Las hojas líricas que te guardaba se humedecieron,
Ignoré el canto, ignoré el llanto, ignoré el miedo…
Me resbalé por rocas grandes hacia el abismo,
Y no volví, ni a preguntarte cómo seguiste.

Junto a la puerta - Guadalupe Grande

Caspar David Friedrich, The Abbey in the Oakwood

La casa está vacía
y el aroma de una rencorosa esperanza
perfuma cada rincón

Quién nos dijo
mientras nos desperezábamos al mundo
que alguna vez hallaríamos
cobijo en este desierto.
Quién nos hizo creer, confiar,
-peor: esperar-,
que tras la puerta, bajo la taza,
en aquel cajón, tras la palabra,
en aquella piel,
nuestra herida sería curada.
Quién escarbó en nuestros corazones
y más tarde no supo qué plantar
y nos dejó este hoyo sin semilla
donde no cabe más que la esperanza.
Quién se acercó después
y nos dijo bajito,
en un instante de avaricia,
que no había rincón donde esperar.
Quién fue tan impiadoso, quién,
que nos abrió este reino sin tazas,
sin puertas ni horas mansas,
sin treguas, sin palabras con que fraguar el mundo.
Está bien, no lloremos más,
la tarde aún cae despacio.
Demos el último paseo
de esta desdichada esperanza.

lunes, 13 de abril de 2015

Celebración de la risa - Eduardo Galeano

To laugh - Bob Salo
José Luis Castro, el carpintero del barrio, tiene muy buena mano. La madera que sabe que él la quiere, se deja hacer. El padre de José Luis había venido al Río de La Plata desde una aldea de Pontevedra. Recuerda el hijo al padre, el rostro encendido bajo el sombrero panamá, la corbata de seda en el cuello del pijama celeste, y siempre, siempre contando historias desopilantes. Donde él estaba, recuerda el hijo, ocurría la risa. De todas partes acudían a reírse, cuando él contaba, y se agolpaba el gentío. En los velorios había que levantar el ataúd, para que cupieran todos -y así el muerto se ponía de pie para escuchar con el debido respeto aquellas cosas dichas con tanta gracia.

Y de todo lo que José Luis aprendió de su padre, eso fue lo principal:
- Lo importante es reír -le enseñó el viejo-. Y reír juntos.

viernes, 10 de abril de 2015

Última carta del Che a Aleida

Mi única:

Aprovecho el viaje de un amigo para mandarte estas letras, claro que podían ir por correo, pero a uno le parece más íntimo el camino "paraoficial". Te podría decir que te extraño hasta el punto de perder el sueño, pero sé que no me creerías de manera que me abstengo. Pero hay días en que la morriña avanza incontenible y se posesiona de mí. En Navidad y Año Nuevo, sobre todo, no sabes cómo extraño tus lágrimas rituales, bajo un cielo de estrellas nuevas que me recordaba lo poco que le he sacado a la vida en el orden personal […].

De mi vida aquí poco se puede decir, el trabajo me gusta pero es excluyente y a veces un poco cansador. Estudio cuando me queda tiempo y sueño en algunos instantes; juego ajedrez, sin contrincantes de categoría y camino bastante […].

Dale un beso a los pedacitos de carne, a todo el resto y recibe el beso preñado de suspiros y otras congojas de tu pobre y pelado
Marido.

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