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domingo, 27 de diciembre de 2015

Tierra, no me olvides - Sara Graciano


Tierra, no me olvides,
porque un día volveré a quererte
desde las entrañas,
volveré a ti en forma diminuta,
en partículas de amor infinito.

Te extrañaré dolorosamente
mientras te tenga lejos,
sentiré las punzadas
que te darán los hombres,
para extraerte del vientre,
el brillo que gestas y almacenas.

Te pensaré diariamente,
no dormiré por imaginarte.
Lloraré,
descargando en lágrimas
la neblina matutina que me dabas.

Tierra, espérame.
Recorreré lugares y no-lugares
para lucharte,
para liberarte,
para reencontrarnos.

Te emanciparé del tóxico
que están derramando
en tu garganta y tus venas.

Moriré si es necesario,
para que tu vivas,
junto con tus ríos,
tus pájaros,
tus felinos
y tus semillas.

Mientras tanto,
sufro,
porque te imagino desnuda,
humillada,
saqueada por máquinas
y hombres sin límites.

Evoco tu paisaje nocturno
y siento que estar lejos de ti
es mi pesadilla.
Que al separarnos,
me quitaron la vida,
el alma,
la fuerza.

Pero al separarnos
también me pusieron furiosa,
capaz de enfrentar con hambre
porque ya no me alimentas,
y con frío,
porque ya no me abrigas,
a los colonos,
guaches,
ebrios,
pedantes,
que se creen dueños de tu cuerpo.

Tierra, no me olvides.
Porque yo te pienso obsesivamente
y te llevo impregnada
en la piel y en los huesos.

Quiero olerte de nuevo,
húmeda,
fértil,
capaz de engendrar hijos
y alimentarlos con tu sabiduría.

No me olvides,
porque volveré a tu regazo,
viva o muerta,
después de la lucha
que daré para liberarte,
que es al mismo tiempo,
liberarme.

martes, 22 de diciembre de 2015

Poema del olvido - José Ángel Buesa

Albert Laurens

Viendo pasar las nubes fue pasando la vida,
y tú, como una nube, pasaste por mi hastío.
Y se unieron entonces tu corazón y el mío,
como se van uniendo los bordes de una herida.

Los últimos ensueños y las primeras canas
entristecen de sombra todas las cosas bellas;
y hoy tu vida y mi vida son como estrellas,
pues pueden verse juntas, estando tan lejanas...

Yo bien sé que el olvido, como un agua maldita,
nos da una sed más honda que la sed que nos quita,
pero estoy tan seguro de poder olvidar...

Y miraré las nubes sin pensar que te quiero,
con el hábito sordo de un viejo marinero
que aún siente, en tierra firme, la ondulación del mar.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Las palabras - Antonio Porpetta


Llegan puras, calladas,
como dulces insectos,
invadiendo mi frente
con su zumbido leve,
portando entre sus alas
esos frágiles fuegos
que estallan en mi sangre
sus cascadas de vida.
Me adivinan cansado
de caminar el aire,
de pulsar el espacio
que me conduce a ellas,
y entonan en mis labios
sus cánticos de polen
en los que sólo crecen
espejos y almenaras.
Algunas traen la noche
ardiendo entre sus dedos
y derraman su acíbar
en mis pobres asombros;
otras son manantiales,
fulgurantes prodigios
que anidan en mis huesos
sus entrañas de azogue.
Palabras como huellas,
dejando en los alféizares
un lacre enamorado,
vivísimas palabras,
saltimbanquis del alma
sobre una red de sombras,
palabras como astros,
como madres sonoras,
diminutas palabras,
que juegan como pájaros,
palabras generosas
que nos llenan los ojos

de un trigo inagotable,
doloridas palabras,
palabras desplegando
tormentas y paisajes.

Vosotras sois mi patria,
mi único universo:
sólo con vuestro aliento
puedo habitar sin llanto
esta vieja intemperie,
esta piel fatigada.
Vosotras me hacéis libre:
en vosotras renazco.

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