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domingo, 24 de julio de 2016

Este es mi sur - E.Andrés Pérez

Tomada de película: Silencio en El Paraíso

Este es mi sur, 
trepado en las montañas,
al borde de los riscos. 
Excavado, apiñado.

Exótico y urbano calle a calle,  
tumultuoso, ruidoso y chambón,
tan ilegal como colorido,  
tan contradictorio, tan frío.

Nublado, empinado y húmedo,
seco, plano y polvoriento,
siempre a punto de inundarse,  
siempre a punto de derrumbarse. 
             
Escondido tras un cerro, 
brillante en sus humildes noches,
atiborrados de parrandas y borrachos,
de ruinas, casitas y socavones.

Este es mi sur, 
compendio de acentos y razas,
insolente, vulgar, sanguinario,
mi sur que muere de hambre y soledad.

Irreal, paradójico, absurdo,    
mitad aldea, mitad ciudad,   
de noches iluminadas,               
de suelos rotos y sumergidos. 

Laberinto de asfaltos resquebrajados,   
de callejones fatales,              
de galladas sedientas,          
de pasiones febriles en postes de energía.

Este es mi sur,                      
aquí nacimos los pobres,                
de aquí nos arranca la ciudad caníbal,                     
de nuestras casas bebe el ciego progreso.
Desde aquí corre la sangre,         
de víctima, de chofer,               
desde aquí brota la vida rebelde,
cándida, incansable e indómita.

Una cárcel, un barrio viejo,             
un lupanar, una cantina,        
un parque, una escuela,         
un perro de hueso, un viejo de lágrimas. 

Este es mi sur,    
empujado sobre los campos y bosques,                     
al borde de la asfixia,                  
envenenado de angustias.

Sembrado de esperanzas,                         
de paciente obra,                         
de sueños armados ladrillo a ladrillo,               
de muertos sin nombre, de vivos sin recuerdos.

Aquí dormimos, amamos, crecemos,             
aquí nos olvidan, aquí olvidamos,     
aquí nos multiplicamos sin medida,       
 aquí celebramos sin futuro.

Este es mi sur,         
el respaldo de la ciudad,        
las tripas vacías del engaño,    
la cucharada amarga del presente.  
  
Este soy, este somos,  
tan impuros, tan negros,                  
tan indios, tan ñeros,                     
tan pobres, tan vivos, tan ciertos.                    

miércoles, 13 de julio de 2016

Exhalación - Sara Graciano

Inhalo, sed de tu cuerpo mojado
Exhalo, alma limpia de culpa
Mi válvula de emergencias,
es de la mitad del cuerpo para abajo.

La bocca, me vino a la piel desprovista,
bajó sin mesura a la entrada,
la convirtió, rápidamente en salida.

Inhalo, pasado y llanto,
exhalo, lecciones de lengua, miradas.
Inhalo, sombras de mí deambulando,
exhalo, se arquea imprudente mi espalda.

Temblorosas, salen las palabras,
agudo y jadeante, el aire.
Las manos, pierden la memoria,
Inhalo…
Exhalo, los ojos se extravían.

sábado, 2 de julio de 2016

Ciudad dolor - Sara Graciano

Foto: Laura Venegas 2016, Todos los derechos reservados
Hoy tengo un desgano amargo y dulce,
sangriento, pobre, desvalido.
Una melancolía extensa,
regada por toda la casa,
secuestrándome la risa,
reteniendo mis pasiones.

Tengo mucho veneno en los labios,
mucha razón en los músculos,
mucho dolor en el vientre,
mucha aventura en las piernas.

Quiero cantar la ciudad,
y decirle de pronto:
Medellín, ven conmigo,
Medellín, sígueme al abismo.
y decirle también,
que con ella desespero,
pero sin ella no existo.

Hacerle tal vez una caricia,
venerarla,
hacerle idolatría,
rezarla.

Que sean sus ruidos mis pecados,
sus olores mi nostalgia.
Que su calor de medio día me tueste las palabras.
todas las que he escrito en su piel, y en sus fachadas.

Hoy me embarga una nieve que no puedo…
no puedo enderezarme o moverme
y Medellín está tan tibia, tan ahumada,
pero no, no es suficiente, a mí me llueve.

“a crédito” “la de moda” “llévela”
Se la llevan los koreanos, los franceses
y por supuesto, los norteamericanos.
Se la llevan, la desvisten, la penetran.
La devuelven, la comentan, ¡y la muerte!

y Medellín sigue de pie,
se arrastra firme entre los baños de los antros,
se vende a 5, a 50 a 500.

Pero no, hoy no me llamen,
hoy no me inviten,
no quiero ver más esta ciudad de incoherencias.
La odio tanto como la amo,
es paranoia, es compulsión,
es obsesión, es repulsión.

Me canso, estoy agotada.
Escucho salsa, y ambulancias…
y una señora pidiendo plata…

Quiero dormir mil veces esta pena.
inundar con mis lágrimas las calles,
que los violines me lisonjeen la violencia,
y el aguardiente ahogue la fiereza de los machos.

Hoy Medellín me aflige más que siempre,
quiero quedarme encerrada en esta altura,
y no salir nunca más a recorrerla,
porque la sufro,
a pesar que la aborrezco.

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